Sobrevivió a dos ataques criminales, lo metieron preso por homicidio y finalmente cayó baleado en Ciénaga


Tras sobrevivir a dos atentados armados y cumplir condena por un homicidio, Jenefer Acosta Ariza fue asesinado a tiros en Ciénaga. El crimen ocurrió en plena Troncal del Caribe, cerca del mercado público. Las autoridades investigan si se trató de un ajuste de cuentas.

Jenefer Acosta Ariza no pudo —o no quiso— enderezar su camino. La muerte le respiraba cerca desde hace años y, aun así, la enfrentó de frente. Se salvó dos veces. La tercera fue definitiva.

La tarde del martes 6 de enero de 2026, los disparos lo alcanzaron en la calle 15 con carrera 4, a pocos metros del mercado público de Ciénaga, sobre la Troncal del Caribe. No hubo persecución ni oportunidad de escape. Los sicarios lo buscaron de noche, lo encontraron desprevenido y dispararon sin darle margen. Esta vez no hubo suerte, ni agilidad, ni auxilio que valiera. Cayó en plena vía pública y murió en el lugar.

Testigos intentaron ayudarlo, pero las heridas eran letales. Minutos después, la zona fue acordonada por la Policía y personal de criminalística realizó la inspección técnica del cadáver. El tránsito se detuvo. La escena fue la misma de siempre: balas, silencio y un historial que cerraba con sangre.

Un historial de violencia

Acosta Ariza era un viejo conocido en Ciénaga y en la Zona Bananera. No se escondía. Vivía expuesto. Desde años atrás había sido blanco de ataques armados y, aun así, regresaba a los mismos territorios y a las mismas dinámicas. En el corregimiento de Orihueca había sobrevivido al primer atentado, tras quedar gravemente herido por arma de fuego. Se recuperó. Volvió.

En 2018 ocurrió el homicidio de Brayan de Jesús Cera Echeverría, también en Orihueca. Por ese caso, Acosta Ariza fue vinculado por las autoridades y capturado en 2019. Estuvo preso un tiempo por homicidio y recuperó su libertad al vencerse términos. No cambió el rumbo.

En octubre de 2021 volvió a ser atacado a tiros en Orihueca. Recibió varios impactos, fue trasladado a un centro asistencial y sobrevivió otra vez. Dos atentados, un proceso judicial, múltiples advertencias. Nada fue suficiente.

Quienes lo buscaban sabían a quién enfrentaban: un hombre capaz de escapar con una mínima oportunidad. Por eso no improvisaron. Esta vez lo atacaron cuando estaba vulnerable. El resultado fue inmediato y final.

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Las autoridades analizan si el asesinato estaría relacionado con ajustes de cuentas, retaliaciones por hechos del pasado o disputas criminales en la región.

Equipos de inteligencia adelantan la recolección de pruebas, entrevistas a testigos y revisión de cámaras de seguridad del sector.

Así terminó la historia de Jenefer Acosta Ariza: un hombre que convivió con la violencia, la ejerció, la sufrió y, finalmente, no pudo volver a escapar de ella. La tercera vez no hubo margen. La muerte, que lo rondaba desde 2018, esta vez no falló.


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