
Murieron aplastadas mientras jugaban: seis años de una tragedia que Santa Marta no olvida
Las niñas de 5 y 8 años, murieron al colapsar una estructura de concreto durante una pijamada en el barrio Manzanares. A seis años del hecho, la ciudad recuerda una tragedia que marcó para siempre a una familia y a toda una comunidad.
Murieron aplastadas mientras jugaban. No fue un accidente en la calle ni una imprudencia infantil. Hanna Bertel Romero y Ana María Bertel Romero, de 5 y 8 años, hacían una pijamada cuando una estructura de concreto se desplomó sobre sus cuerpos y les quitó la vida. Ocurrió en el barrio Manzanares, en Santa Marta, y seis años después el dolor sigue intacto.
La noche del 5 de enero parecía tranquila. En la calle 32 con carrera 5, las hermanas compartían risas y juegos con su prima Sofía del Pilar Romero Rangel, de 9 años. Era una pijamada improvisada, de esas que nacen sin planes y se vuelven recuerdos. Nadie imaginó que sería el último.
Según relató Marcos Romero, tío de las niñas, el padre había amarrado una hamaca a las columnas de una estructura que sostenía un tanque elevado de agua de aproximadamente 500 litros. La idea era simple: que las niñas se balancearan bajo su supervisión. Lo que no sabían era que esas columnas no tenían las varillas de hierro necesarias para soportar el peso.

Bastaron segundos. Mientras el padre ingresó a la vivienda, las niñas se subieron a la hamaca junto a su prima. La estructura cedió sin aviso. El tanque, las vigas y los ladrillos colapsaron de manera violenta y cayeron sobre ellas. No hubo tiempo de reaccionar. No hubo forma de evitarlo.
Un dolor incalculable
Hanna y Ana murieron en el lugar, aplastadas por el concreto. La calle se llenó de gritos, llanto y desesperación. Vecinos corrieron intentando ayudar, pero ya era demasiado tarde. La pijamada terminó convertida en una escena de horror.
Sofía sobrevivió. Fue rescatada con vida de entre los escombros y trasladada de urgencia a la Clínica El Prado. Allí recibió cerca de 50 puntos de sutura en la cabeza y fue atendida por lesiones en uno de sus ojos y en el pómulo. Salvó la vida, pero cargó desde entonces con la memoria de esa noche.
Los cuerpos de Hanna y Ana fueron trasladados a Medicina Legal, donde permanecieron hasta la realización de sus exequias.
Las pequeñas eran oriundas del municipio de Fundación y se encontraban en Santa Marta disfrutando de unas vacaciones familiares que terminaron en tragedia.
Antes del colapso, su tío había planeado llevarlas a Guachaca. Un paseo sencillo, de río y juegos, que nunca ocurrió. Ese viaje quedó suspendido para siempre, como tantas promesas que se rompieron esa noche.
Han pasado seis años desde aquel 5 de enero, pero en el barrio Manzanares los nombres de Hanna y Ana siguen vivos. Se recuerdan en oraciones, en recuerdos. La comunidad no olvida, porque hay tragedias que no se superan con el tiempo.
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Santa Marta sigue cargando con esa escena: dos niñas que solo querían jugar, una estructura mal construida y una noche que jamás debió terminar así. Hay ausencias que pesan como concreto. Y esta, seis años después, sigue cayendo sobre la memoria de la ciudad.
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