
Pinedo sacó pecho de su gestión para recuperar estadio Sierra Nevada y celebró éxito del concierto de Silvestre Dangond
El alcalde Carlos Pinedo Cuello autorizó, promovió y defendió el concierto del artista vallenato para demostrar que la obra estaba lista, operativa y capaz de soportar eventos de gran formato tras años de abandono e inconclusión.
El Estadio Sierra Nevada llevaba años siendo una deuda incómoda con la ciudad. Una obra inconclusa, golpeada por el deterioro y la desconfianza ciudadana. Por eso, cuando el alcalde Carlos Pinedo Cuello decidió no solo aprobar sino impulsar el concierto de Silvestre Dangond, sabía que no se trataba de un simple espectáculo musical: era una prueba de fuego para su administración.
Pinedo quiso sacar pecho. Y lo hizo sin medias tintas. Incentivó públicamente la asistencia, defendió las condiciones del escenario y fue más allá del discurso institucional: salió personalmente en su vehículo a repartir boletas, buscando que la gente llenara las graderías y comprobara con sus propios ojos que el estadio estaba en condiciones reales de uso.

La noche del concierto, el Sierra Nevada estuvo a reventar. Más de 16 mil personas ingresaron al escenario deportivo convertido en epicentro cultural. Para la Alcaldía, el resultado fue la evidencia que buscaban: un evento multitudinario sin incidentes, con logística controlada y un recinto que respondió sin fallas visibles.
Tras el espectáculo, el alcalde no ocultó su orgullo. Defendió la inversión pública ejecutada y destacó que el estadio no solo volvió para el fútbol, sino que queda habilitado para conciertos y eventos de talla nacional e internacional. El mensaje fue claro: la obra funciona.
Toda la logística funcionó
Según el balance oficial, el concierto “El Último Baile” marcó el regreso de Santa Marta al circuito de grandes espectáculos. El Puesto de Mando Unificado se activó desde las primeras horas de la tarde, la apertura de puertas y la evacuación se desarrollaron sin contratiempos y, de acuerdo con las autoridades, no se registraron riñas ni alteraciones del orden público. Más de 300 uniformados de la Policía Metropolitana hicieron parte del dispositivo de seguridad, junto a varias dependencias distritales.
La administración también puso sobre la mesa los números: una derrama económica estimada en más de 14 mil millones de pesos, impacto en comercio, hotelería, transporte y gastronomía, y una ciudad que —según el discurso oficial— demostró estar preparada para eventos de gran escala.
El comunicado de la Alcaldía destaca que la recuperación del estadio incluyó reparaciones eléctricas, sistema de riego, iluminación, baños, camerinos, cabinas de prensa, zonas VIP y sonido acorde a un escenario de primer nivel. “Hechos, no promesas”, insistió el gobierno distrital.

Sin embargo, más allá del balance institucional, el concierto dejó una lectura política evidente: Carlos Pinedo decidió poner su gestión bajo los reflectores, literalmente. Si algo fallaba, el golpe habría sido directo. Pero el estadio resistió, el público respondió y el mensaje quedó instalado.
Hoy, el Sierra Nevada ya no es solo un escenario deportivo: se convirtió en vitrina de gobierno. Y el alcalde dejó claro que, al menos esta vez, apostó fuerte… y ganó ante una ciudad que llevaba años esperando ver ese estadio lleno.
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