La mataron y no había ni ataúd: la indignante despedida de una joven madre


La mujer fue velada inicialmente sin ataúd por falta de recursos. La indignación y la solidaridad ciudadana permitieron una recolecta de último momento que evitó que fuera sepultada directamente en tierra.

A Fabiola Rodríguez no solo la mataron a tiros. También, por unas horas, la pobreza estuvo a punto de arrebatarle hasta el último gesto de dignidad. La joven madre, asesinada la noche del 26 de diciembre en una calle que conduce al sector Pedregal, en Tocoa, Honduras, fue velada inicialmente sin ataúd porque su familia no tenía cómo pagar uno.

Su cuerpo fue colocado sobre un tablón improvisado. Así comenzó la despedida. No había féretro, ni flores, ni adornos. Solo el silencio roto por el llanto, el asombro y la impotencia de familiares y vecinos que no podían creer que una mujer joven, madre de dos niños pequeños, estuviera siendo velada de esa manera.

La escena era devastadora. La familia, entre lágrimas, trataba de cubrir el cuerpo como podía. Sus hijos observaban sin entender, aferrados a una realidad demasiado dura para su edad. La violencia ya había hecho su parte; la pobreza parecía dispuesta a completar el golpe.

El temor era real: si no aparecía ayuda, Fabiola sería sepultada sin ataúd. Directamente en tierra. Esa posibilidad empezó a recorrer el cementerio, el barrio y luego la ciudad entera. Las imágenes del velorio sin féretro circularon rápidamente y encendieron la indignación colectiva.

Fue entonces cuando apareció la solidaridad. Vecinos, familiares y ciudadanos se organizaron de urgencia. Se hizo una vaca, una recolecta espontánea, peso a peso, para evitar lo impensable. Cada aporte fue una forma de decir que, al menos en la muerte, Fabiola no debía ser tratada como si no valiera nada.

Gracias a esa ayuda, horas después se logró conseguir un ataúd. La joven madre pudo ser sepultada con un mínimo de dignidad, no por el Estado ni por la justicia, sino por la mano solidaria de una comunidad conmovida.

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El crimen sigue en la impunidad. No hay responsables capturados ni móviles claros. Pero la historia de Fabiola ya dejó una marca profunda en Tocoa: la de una mujer asesinada, velada sin ataúd y salvada del entierro indigno solo por la solidaridad de quienes se negaron a normalizar la miseria. Porque a Fabiola, por poco, la entierran sin ataúd. Y esa herida no se borra.


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