Conductor pedía ayuda por sentir arañas en la espalda, nadie lo detuvo y murió al estrellar su taxi


Horas antes de morir en un violento choque en la sobrecalzada de San Antonio Abad, el taxista recorrió calles del Centro Histórico pidiendo auxilio en medio de una evidente crisis. Videos muestran que fue ignorado, incluso por una patrulla. Las causas de su comportamiento aún no han sido esclarecidas.

La muerte llegó después de una cadena de alertas que nadie logró —o supo— atender. Un hombre, taxista, identidad aún no establecida, pidió ayuda durante horas en pleno Centro Histórico de Ciudad de México. Decía que tenía arañas recorriéndole el cuerpo. Rogaba que no lo dejaran solo. Se rascaba con desesperación. Estaba fuera de control. Minutos después, murió al estrellar su taxi contra un poste.

Los hechos ocurrieron la mañana del 25 de diciembre, antes de las 7:00 a. m. El taxi terminó destruido en la sobrecalzada de San Antonio Abad, a la altura de la colonia Obrera, en la alcaldía Cuauhtémoc. El impacto fue frontal, violento, definitivo. El vehículo quedó volcado y dentro iba también un perro, que sobrevivió con heridas y fue rescatado por los equipos de emergencia.

Pero el accidente no fue un hecho aislado ni repentino. Fue el desenlace.

Una crisis a la vista de todos

Horas antes del choque, cámaras de seguridad y grabaciones de testigos captaron al conductor caminando por distintas calles del Centro Histórico. Estaba sin camisa, alterado, rascándose de forma compulsiva. Se acercaba a desconocidos y les pedía ayuda.

En uno de los videos más difundidos, se le escucha decir con angustia:

“Ayúdame, güey, no te vayas”.

Insistía en que tenía insectos sobre el cuerpo. Algunas personas intentaron tranquilizarlo, le aseguraron que no había nada, pero él no se calmaba. Repetía lo mismo. Su ansiedad aumentaba.

Cada intento de auxilio terminaba igual: sin ayuda efectiva. A veces por miedo, otras por incredulidad, otras por simple indiferencia. Cuando no lograba quedarse en un lugar o nadie asumía la responsabilidad de asistirlo, regresaba a su taxi y se iba.

Nadie intervino

Las imágenes también muestran algo más inquietante: al menos una patrulla policial pasó cerca del hombre sin intervenir. No hubo contención, no hubo traslado, no hubo atención médica. La escena siguió su curso como si nada.

Un ciclista que presenció parte de lo ocurrido relató después:

“Lo vi atrás e intenté ayudarlo porque decía que tenía insectos, pero supuse que estaba drogado. Me tuve que ir. Cuando llegué acá, ya había pasado todo y estaba muerto”.

Esa suposición —la de que estaba drogado— se repitió entre varios testigos. Fue suficiente para que nadie hiciera más.

El último trayecto

Tras deambular y pedir ayuda sin éxito, el hombre volvió a conducir. Según los reportes preliminares, lo hacía a exceso de velocidad y sin cinturón de seguridad. Minutos después perdió el control del vehículo. El choque fue fatal.

Hasta ahora, las autoridades no han confirmado qué provocó su comportamiento. En redes sociales abundan las conjeturas: desde explicaciones sobrenaturales como brujería hasta diagnósticos improvisados. Las hipótesis más razonables apuntan a un episodio psicótico, un trastorno neurológico, consumo de sustancias o el llamado síndrome de Ekbom, una condición en la que la persona siente insectos o parásitos recorriéndole la piel sin que exista una causa real. Nada de eso ha sido confirmado.

Lo único comprobable es esto: el hombre mostró señales claras de estar en crisis. Caminó por la calle pidiendo ayuda. Habló con desconocidos. Se acercó a conductores. Fue visto por ciudadanos y por policías. Nadie logró detener la secuencia.

Cada vez que no encontraba apoyo, se iba. Y cada vez que se iba, el riesgo aumentaba.

Lea aquí: Joven de 18 años apuñaló a su padrastro por defender a su madre y terminó preso: “lo hice porque la amo”

La historia terminó contra un poste, con un taxi destruido y una vida perdida.


¿Quieres pautar

con nosotros?