“La educación cambia vidas”: rector de Unimagdalena entrega 240 computadores a estudiantes del Magdalena


Más de 240 jóvenes del Distrito y el Magdalena comienzan a escribir una nueva historia: la del acceso real a la educación y la superación de la pobreza.

María Vega todavía no se lo cree. Hace apenas unos meses soñaba con estudiar Medicina, pero lo veía imposible. Vive en la vereda Las Tinajas, en una casa donde los libros son escasos y la señal de internet es un lujo. Hoy, con una sonrisa que no le cabe en el rostro, sostiene en sus manos un moderno computador portátil, el primero que ha tenido en su vida.

“Yo brincaba de la felicidad cuando llegué a mi casa. Mi familia me abrazaba. Este computador es más que una herramienta, es una oportunidad que no voy a desaprovechar”, dice con los ojos llenos de ilusión.

María es una de las beneficiarias del programa Talento Santa Marta, una iniciativa de la Universidad del Magdalena y la Alcaldía Distrital que brinda acceso gratuito a la educación superior a jóvenes de escasos recursos. El rector Pablo Vera Salazar, durante la entrega de los equipos, lo dijo con emoción: “Queremos que ningún joven se quede sin estudiar por falta de recursos. Les damos matrícula cero, alimentación, transporte, acompañamiento psicológico y, ahora, su propio computador”.

En el evento protocolario, mientras los jóvenes recibían sus equipos entre aplausos y fotos, María se levantó y tomó el micrófono. No preparó discurso, pero sus palabras salieron del alma:
—Gracias por creer en nosotros. Este computador será mi herramienta para convertirme en la médica de mi familia —dijo con la voz temblorosa antes de abrazar su portátil con fuerza.

Su historia refleja la de cientos de muchachos que ven en Talento Santa Marta una segunda oportunidad. “De no ser por este programa, las posibilidades de pisar una universidad y estudiar medicina habrían sido mínimas”, admite.

Educación que impacta en Magdalena
Lo mismo siente Edna Ríos, quien viajó desde un lejano corregimiento de Nueva Granada para iniciar sus estudios en la Unimagdalena. Su padre, cabeza del hogar, no pudo estudiar, pero trabajó toda su vida para que su hija tuviera lo que él no tuvo. Hoy la ve convertida en universitaria. “Mi papá dice que cuando me vea con la bata de grado será su mayor orgullo”, cuenta emocionada.

Son 240 historias como la de María y Edna, jóvenes de zonas rurales, de barrios humildes, que por primera vez tienen acceso a una educación universitaria con garantías. Para ellos, tener un computador no es solo un recurso tecnológico; es un símbolo de inclusión, de esperanza y de futuro.

El rector Vera, quien impulsa los programas Talento Magdalena y Talento Santa Marta desde 2017, destacó que “el 90% de los beneficiarios son la primera persona de su familia en ingresar a la universidad. Y lo más importante: muy pocos abandonan. Ya tenemos más de 200 graduados y seguimos creciendo”.
Con voz firme, agregó:

“No podemos hablar de inteligencia artificial, de educación del siglo XXI, si nuestros jóvenes no tienen lo básico: un computador. Muchos vienen de hogares donde apenas hay energía eléctrica. Por eso entregamos estas herramientas: para que no existan excusas, solo oportunidades”.

Cuando la jornada terminó, María volvió a su casa con su computador en los brazos.

“No dormí esa noche. Lo encendí, lo miré una y otra vez. No lo podía creer. Toda la vida soñé con estudiar, y ahora siento que sí puedo hacerlo”.

Allí, entre las montañas de Las Tinajas, una adolescente abrió su primer documento en Word y escribió su nombre completo: María Vega, estudiante de Medicina.

No era un simple texto. Era la promesa de un futuro distinto.


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