
Terremoto ha cobrado la vida de 1.430 venezolanos: hay cadáveres en las calles y más de 50.000 desaparecidos
Más de 72 horas después del devastador doble sismo que destruyó parte de Venezuela, continúan apareciendo cuerpos entre los escombros. Miles de familias siguen sin saber dónde están sus seres queridos y cientos de personas duermen en las calles por miedo a nuevos derrumbes.
Han pasado más de tres días desde que la tierra se sacudió con violencia en Venezuela y el país sigue atrapado entre ruinas, sirenas, hospitales colapsados y familias enteras desaparecidas.
El balance oficial ya habla de 1.430 muertos, 3.238 heridos y más de 50.000 personas sin localizar, una tragedia que convirtió ciudades enteras en escenarios de desesperación y luto.
Todo ocurrió el miércoles, cuando dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 estremecieron al país con apenas segundos de diferencia. El impacto fue tan fuerte que decenas de edificios residenciales, hoteles y estructuras comerciales colapsaron en Caracas, La Guaira, Miranda, Aragua, Falcón y Carabobo.
La Guaira terminó convertida en la zona más golpeada. Allí quedaron edificios reducidos a montañas de concreto, vehículos aplastados y familias atrapadas dentro de apartamentos que desaparecieron en cuestión de segundos.
Desde entonces, las labores de rescate no se han detenido.
Rescatistas, voluntarios y familiares continúan removiendo escombros día y noche buscando señales de vida. En algunos sectores todavía se escuchan golpes o gritos débiles debajo de las estructuras derrumbadas, mientras las esperanzas comienzan a disminuir con el paso de las horas.
La tragedia también colapsó hospitales y morgues.
En Caracas, varias familias han tenido que trasladar por su cuenta los cuerpos de sus seres queridos porque los servicios funerarios, las ambulancias y las morgues ya no logran responder a la cantidad de víctimas. Camionetas y carros particulares llegan constantemente con cadáveres envueltos en sábanas y bolsas blancas, mientras otros solo permanecen en vías públicas.
Una de las escenas más dolorosas fue la de Yessica Mendoza, una madre que tuvo que sacar ella misma de los escombros el cuerpo de su hija de 25 años y trasladarlo en un vehículo particular hasta la morgue.
“Fuimos nosotros mismos que los sacamos, no llegó ninguna ayuda”, contó la mujer después de perder también a su yerno, quien quedó atrapado cuando el edificio donde vivían colapsó en La Guaira.
Las calles de varias ciudades siguen llenas de personas que no tienen a dónde ir.
Muchos perdieron sus viviendas y otros prefieren dormir afuera por miedo a que nuevas réplicas terminen derrumbando lo poco que quedó en pie. En plazas, andenes y parques improvisaron refugios con colchonetas, cobijas y bolsas de ropa mientras esperan ayuda.

Las imágenes que salen desde Venezuela muestran niños durmiendo sobre cartones, familias cocinando en plena calle y personas caminando entre edificios partidos por la mitad.
Mientras tanto, la cifra de desaparecidos mantiene en angustia a miles de familias dentro y fuera del país.
Muchos venezolanos que viven en Colombia, especialmente en ciudades de la Costa Caribe, siguen buscando información sobre familiares que estaban en hoteles, conjuntos residenciales o zonas turísticas cuando ocurrió el terremoto.
Los cuerpos comienzan a desbordar las calles
A la tragedia de los desaparecidos y los edificios derrumbados ahora se suma otro temor que empieza a crecer en Venezuela: el riesgo sanitario por la cantidad de cuerpos que todavía permanecen bajo los escombros, en vías públicas y en zonas donde los organismos de emergencia no han logrado llegar completamente.

Las morgues ya no dan abasto. En varios sectores, familiares han tenido que mover por sus propios medios los cadáveres de sus seres queridos porque los servicios funerarios y los equipos de rescate colapsaron ante la magnitud de la emergencia.
También hay cuerpos que continúan atrapados entre montañas de concreto que todavía no han sido removidas. Otros permanecen cubiertos apenas con sábanas o bolsas improvisadas mientras esperan ser identificados o trasladados.
El olor a descomposición empieza a sentirse en algunas zonas golpeadas por el terremoto y el paso de las horas complican aún más la situación.
Frente a este panorama, distintas organizaciones y trabajadores de salud comenzaron a alertar sobre el riesgo sanitario que podría agravarse si no logran acelerar la recuperación de cuerpos, la atención médica y las labores de limpieza en las ciudades afectadas.

Mientras tanto, cientos de familias siguen caminando entre ruinas, hospitales y morgues improvisadas tratando de encontrar a sus desaparecidos en medio de una tragedia que todavía parece no tocar fondo.
En medio de tanta destrucción, la ayuda internacional comenzó a llegar desde distintos países. Delegaciones de rescate, médicos, perros de búsqueda, alimentos, medicinas y toneladas de ayuda humanitaria han sido enviadas desde Colombia, México, Estados Unidos, El Salvador y otras naciones que se solidarizaron con el drama que vive Venezuela.
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