
Volvió a despedir a sus hermanos asesinados y terminó enterrada junto a ellos: la violencia no dejó escapar a Glenis
La joven de 18 años, había regresado desde Bogotá a Soledad para acompañar a su familia tras el asesinato de dos de sus hermanos. Días después fue atacada a tiros en la terraza de su vivienda. Autoridades investigan si el crimen está ligado a un ajuste de cuentas entre estructuras criminales que ya habían amenazado a su familia.
Glenis volvió porque tenía que despedirse. No regresó por vacaciones ni por nostalgia. Volvió porque la violencia ya había golpeado su casa dos veces y sus hermanos estaban muertos. Quería abrazar a los suyos, acompañar el duelo y cerrar una herida que todavía sangraba.
Pero en Ciudad Paraíso, Soledad, el duelo no tiene tiempo suficiente. Allí la muerte suele regresar antes de que el llanto termine.
La noche del lunes 24 de febrero, Glenis Patricia Rodríguez Ariza, de apenas 18 años, estaba sentada en la terraza de su vivienda compartiendo con familiares. Era un momento sencillo, cotidiano, casi necesario después de semanas marcadas por la tristeza y el dolor. Entonces volvieron los violentos.
Dos hombres en motocicleta frenaron frente a la casa. No preguntaron. No dudaron. No dieron advertencias. La ubicaron y dispararon de inmediato.
Los tiros pusieron fin a la conversación y el silencio del barrio al mismo tiempo.
Glenis cayó al suelo gravemente herida mientras sus familiares gritaban desesperados intentando auxiliarla. La subieron como pudieron a un vehículo y la trasladaron de urgencia al Hospital Universidad del Norte. Horas después, los médicos confirmaron lo inevitable: no sobrevivió.
Tenía 18 años. Y un destino que, según vecinos, parecía escrito desde que decidió regresar.
Una muerte anunciada
El crimen no sorprendió del todo a quienes conocían la historia de la familia Rodríguez Ariza.
Meses atrás, dos de sus hermanos habían sido asesinados en medio de una disputa criminal que mantiene en tensión a varios sectores de Soledad. Las amenazas comenzaron desde entonces. El miedo se instaló en la casa y obligó a algunos integrantes a marcharse, buscando distancia de un conflicto que parecía no tener fin.
Glenis fue una de ellas. Se había ido a Bogotá intentando escapar del entorno violento que rodeaba a su familia. Pero volvió. Quería despedirse. Quería acompañar a los suyos en medio del dolor. Quería estar presente.
Según versiones conocidas por las autoridades, desde su llegada habría quedado nuevamente expuesta. Para quienes la buscaban, su regreso no pasó desapercibido. Y días después, la encontraron.
La terraza quedó vacía
Tras el ataque, el barrio quedó paralizado. Vecinos salieron a las puertas mientras las sirenas rompían la noche. Las sillas de la terraza permanecieron en su lugar, intactas, como si alguien fuera a regresar a sentarse. Pero ya no había conversación. Solo silencio.
La familia, que aún no terminaba de enterrar a sus otros hijos, volvió a enfrentarse a la misma escena: gritos, hospital, esperanza breve y una nueva confirmación de muerte.
Un duelo encima de otro.
Atrapada en una guerra ajena
Las autoridades investigan si el asesinato estaría relacionado con rivalidades entre bandas criminales que operan en el sector, particularmente con la estructura conocida como Los Pepes, mencionada por fuentes comunitarias como presunto entorno criminal presente en Ciudad Paraíso.
Vecinos aseguran que la familia llevaba tiempo viviendo bajo presión y amenazas constantes.
La pregunta que ahora atraviesa el barrio es inevitable:
¿Glenis murió por decisiones propias o por una guerra que heredó sin elegirla?
Para los investigadores, una hipótesis apunta a un ajuste de cuentas dentro de disputas entre estructuras delincuenciales. Otra línea busca establecer si la joven fue atacada simplemente por su vínculo familiar.
Lo cierto es que, desde que regresó a Soledad, su nombre habría quedado marcado.
Glenis no vino a celebrar. No vino a quedarse. Vino a despedirse.
La violencia, sin embargo, no distingue motivos ni edades. Tampoco concede segundas oportunidades.
En Ciudad Paraíso, una familia volvió a cerrar la puerta de su casa con menos integrantes que antes. Tres hijos asesinados en menos de un año.
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