
Video revela la despiadada emboscada a fusil que destrozó el esquema del senador Castellanos
Cinco hombres armados rodearon la camioneta, dispararon sin tregua y convirtieron la carretera Fortul–Tame en un campo de ejecución. El ataque, grabado por los propios agresores, dejó dos escoltas muertos y expuso el nivel de control que los grupos ilegales imponen en Arauca.
No fue un enfrentamiento. Fue una cacería. En el video se ve claro: la camioneta avanza por la vía y, de un momento a otro, queda cercada por hombres de civil con fusiles en las manos. No hubo manera de escapar. Solo una descarga de balas que perfora el blindaje, revienta los vidrios y apaga dos vidas en cuestión de segundos.
Las imágenes corresponden al ataque contra el esquema de seguridad del senador Jairo Alberto Castellanos, ocurrido el 5 de febrero en la carretera que une a Fortul con Tame, en Arauca. El material, atribuido a un grupo armado ilegal, muestra cómo los agresores se mueven con calma, como si el corredor vial les perteneciera, y disparan desde varios ángulos hasta dejar la camioneta convertida en un cascarón agujereado.
Dentro del vehículo iban Wilmar Leal, funcionario de la Unidad Nacional de Protección, y el patrullero de la Policía Esmeli Manrique. Ambos estaban trabajando, cumpliendo la misión de cuidar a otro, cuando los fusiles los alcanzaron. Murieron sin posibilidad de defenderse.
La escena confirma lo que los habitantes de la región repiten en voz baja: en esas carreteras manda el que tiene más armamento. Las primeras hipótesis indican que el ataque se produjo luego de que el vehículo no se detuviera en un retén ilegal, presuntamente instalado por el ELN. No detenerse equivalió a una sentencia.
Lo más perturbador es que la masacre fue grabada por uno de los mismos atacantes. Alguien quiso dejar constancia del poder, del miedo, del mensaje. Difundir el video es parte del golpe, una forma de decir que en Arauca la ley la escriben los fusiles.
Los investigadores analizan cada fotograma para verificar la autenticidad del material e intentar identificar a los responsables. Pero más allá de la pericia técnica, lo que queda es una verdad cruda: dos hombres del Estado fueron ejecutados en una vía pública, a plena luz, sin que nadie pudiera hacer nada.
El país volvió a mirar a Arauca con espanto. El doble homicidio reabrió la discusión sobre la seguridad de quienes protegen a otros y sobre el control territorial de los grupos armados. Mientras en Bogotá se hablan de estrategias, en Fortul y Tame la gente entiende otra cosa: que una camioneta blindada ya no es garantía de vida cuando el camino está tomado por la guerra.
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