
Venezuela declara estado de emergencia tras bombardeos que atribuye a Estados Unidos
Tras una madrugada marcada por explosiones, evacuaciones y daños estructurales en Caracas y otros estados, el Gobierno de Venezuela decretó estado de emergencia nacional. Aunque no hay reportes oficiales de muertos ni heridos, el país permanece en máxima tensión ante lo que califica como un ataque ordenado desde la Casa Blanca.
La madrugada del 3 de enero rompió cualquier rastro de normalidad en Venezuela. Cerca de las dos de la mañana, una serie de explosiones sacudió sectores estratégicos de Caracas, mientras aeronaves sobrevolaban la capital a baja altura y amplias zonas quedaban sin energía eléctrica. El estruendo, repetido y seco, despertó a miles de personas que, aún sin información clara, entendieron que algo grave estaba ocurriendo.
Con el paso de los minutos, la escena se trasladó a las calles: vehículos cargados con familias enteras comenzaron a salir de las zonas cercanas a los puntos de impacto. No hubo órdenes públicas de evacuación masiva, pero el temor empujó a muchos a abandonar sus viviendas de manera preventiva. Maletas improvisadas, tráfico inusual de madrugada y barrios a oscuras marcaron las primeras horas del ataque.
Posteriormente, el presidente Nicolás Maduro apareció en cadena nacional para anunciar la declaratoria de estado de emergencia, argumentando que el país estaba siendo víctima de una agresión militar extranjera. Según el mandatario, los bombardeos afectaron instalaciones civiles y militares en varios estados, provocando daños estructurales significativos, aunque sin víctimas confirmadas hasta el momento.
“El país está bajo ataque”, afirmó Maduro, al tiempo que responsabilizó directamente al gobierno de Estados Unidos, señalando que la operación habría sido ordenada desde la Casa Blanca. En su discurso, llamó a la Fuerza Armada y a la población a mantenerse en alerta máxima y aseguró que Venezuela activó todos sus planes de defensa.
La declaratoria de emergencia le permite al Ejecutivo movilizar recursos civiles y militares, restringir algunas actividades y reforzar el control del orden interno, en un contexto de incertidumbre total. Mientras tanto, equipos técnicos evalúan los daños en edificaciones afectadas por las explosiones, algunas de ellas con afectaciones visibles en fachadas, ventanas y estructuras internas.
El impacto político fue inmediato en la región. Desde Colombia, el presidente Gustavo Petro expresó su alarma por los hechos y pidió una reacción urgente de la comunidad internacional, advirtiendo que un ataque de esta magnitud podría desatar una escalada con consecuencias impredecibles para América Latina.
En Washington, la Casa Blanca no ha emitido, hasta ahora, una confirmación oficial sobre la autoría de los bombardeos. El silencio contrasta con las acusaciones directas del gobierno venezolano y mantiene abiertas múltiples hipótesis sobre el alcance real de la operación.
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