
Vacaciones rotas en San Andrés: turista cayó de lancha, se fracturó la columna y podría no volver a caminar
El accidente ocurrió en Jonny Cay en medio del mar de leva y la falta de un muelle seguro. El hecho quedó grabado en video y generó indignación por las condiciones en las que se movilizan miles de visitantes en la isla que vive del turismo y cobra incluso un impuesto adicional de ingreso.
San Andrés vende paraíso, pero tiene graves fallas en su infraestructura para atender al turismo que empañan su imagen. En las últimas horas una turista llegó a la isla con el plan de descansar frente al mar y terminó cayéndose de una lancha, sin poder moverse, con una fractura en la espina dorsal que hoy amenaza con dejarla sin caminar.
El accidente ocurrió en Jonny Cay, uno de los puntos más visitados del archipiélago. El mar de leva tenía las olas fuertes y las embarcaciones se sacudían como hojas. No hay muelle, no hay plataforma firme, no hay barandas. Los pasajeros suben y bajan como pueden, agarrados de lo que encuentren, confiando en la suerte.
La mujer intentaba acomodarse en la lancha cuando una ola levantó la embarcación con violencia. Perdió el equilibrio, cayó hacia atrás y su espalda golpeó de lleno contra la orilla. Quedó inmóvil. A su alrededor solo hubo gritos, gente pidiendo ayuda y turistas paralizados sin saber qué hacer.
Todo quedó grabado por testigos. En los videos se ve el movimiento incontrolable del bote, la inestabilidad del lugar y la forma improvisada en la que se opera el turismo en una isla que cobra un impuesto especial por permitir el ingreso de visitantes, pero no garantiza un punto seguro para desembarcarlos.
El diagnóstico médico es grave: fractura en la columna y compromiso serio de la movilidad. Su familia teme lo peor. El hermano de la víctima hizo un llamado público al presidente Gustavo Petro para que intervenga y asegure atención especializada. Dice que no tienen respuestas claras y que el sistema de salud local no está preparado para una emergencia de este nivel.
El caso volvió a encender un reclamo viejo. En San Andrés, y especialmente en Jonny Cay, los turistas dependen de maniobras riesgosas sobre la arena o desde lanchas que se mueven sin control. Cuando el mar se pone bravo, el paseo se convierte en ruleta rusa.
Comerciantes y operadores saben que el problema es estructural: no hay muelles adecuados, no existen protocolos estrictos y todo se deja a la pericia de los lancheros. Mientras tanto, cada temporada llegan miles de visitantes que confían en que el destino soñado es seguro.
Esta vez el saldo fue una mujer con la columna rota y un futuro incierto. Mañana puede ser cualquiera. San Andrés vive del turismo, pero sigue recibiendo gente como si no tuviera la obligación de cuidarla. El paraíso cobra caro, y a veces cobra con el cuerpo.
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