Tras 50 años de servicio, el ferry de Salamina lleva casi 10 días detenido y la crisis empieza a sentirse con fuerza


Corpamag negó la autorización solicitada para operar el transbordador en el río Magdalena por no cumplir requisitos técnicos y ambientales. Mientras la decisión sigue en proceso administrativo, el municipio y poblaciones vecinas enfrentan alzas de precios, dificultades de movilidad y temores de desabastecimiento.

Durante medio siglo el ferry fue la conexión natural entre Salamina y la otra orilla del río Magdalena. Hoy ese cruce está detenido.

Casi diez días después de la suspensión del servicio de transbordador, el impacto comienza a sentirse con más fuerza en este municipio del Magdalena y en varias poblaciones ribereñas que dependían de ese paso para movilizar mercancías, alimentos y pasajeros hacia el Atlántico.

El ferry dejó de operar y con él se frenó una dinámica económica que durante décadas sostuvo buena parte de la vida cotidiana en la región.

Los habitantes ya hablan de precios que comienzan a subir, rutas comerciales alteradas y mayores dificultades para movilizarse.

Una decisión sustentada en riesgos ambientales

La suspensión del ferry responde a una medida adoptada por la Corporación Autónoma Regional del Magdalena (Corpamag), que advirtió riesgos ambientales asociados a la operación del transbordador en el punto donde funcionaba.

Los estudios técnicos de la autoridad ambiental señalaron que la actividad en ese sector del río Magdalena estaba acelerando procesos de erosión y socavación, lo que podría derivar en un escenario de desastre para las comunidades cercanas.

Con ese argumento, la corporación impuso una medida preventiva de suspensión inmediata de las actividades de ocupación de cauce a las empresas responsables del servicio: TRANSDIER S.A.S. y FLUTECAR E.A.T.

La decisión, según la entidad, busca evitar riesgos mayores para el río y para las poblaciones ribereñas.

La autorización que fue negada

La situación se mantiene en un punto crítico luego de que Corpamag notificara la Resolución 0661 del 6 de marzo de 2026, mediante la cual negó la solicitud presentada por la empresa TRANSDIER para adecuar una zona de maniobras y puntos de amarre sobre la margen derecha del río Magdalena.

La corporación explicó que la solicitud no cumplía con los requisitos técnicos, ambientales y administrativos exigidos por la normatividad vigente para este tipo de permisos.

El acto administrativo, sin embargo, aún no está en firme, ya que puede ser objeto de recurso de reposición.

Mientras ese proceso se define, la operación del ferry sigue suspendida.

Y con ella, la principal conexión fluvial de la zona.

Un municipio que empieza a resentir el aislamiento

El ferry no era solo un medio de transporte.

Era el eje de la movilidad y del intercambio comercial entre Salamina, el Magdalena y el departamento del Atlántico.

Su ausencia ya está generando consecuencias.

Comerciantes y habitantes advierten que algunos productos comienzan a encarecerse, mientras aumenta la preocupación por el abastecimiento si la situación se prolonga.

También se ha complicado el desplazamiento de personas que utilizaban el cruce del río para trabajar, estudiar o acceder a servicios médicos.

En un territorio donde el río Magdalena funciona como carretera natural, la ausencia del transbordador está alterando la vida diaria.

Mientras Corpamag insiste en que sus decisiones responden a criterios técnicos y a la obligación de prevenir riesgos ambientales, en Salamina crecen las preguntas sobre lo que pudo hacerse antes para evitar que el servicio llegara a este punto.

Algunos líderes locales señalan que desde hace meses se había advertido la necesidad de reubicar el ferry en un punto seguro, alternativa que no logró concretarse.

Hoy la discusión gira alrededor de cómo restablecer la movilidad sin comprometer la seguridad ambiental del río.

Un problema sin salida inmediata

Casi diez días después de la suspensión del ferry, Salamina sigue esperando una solución.

Entre trámites administrativos, decisiones técnicas y debates institucionales, el municipio permanece en un limbo que cada día se siente más en los bolsillos y en la vida cotidiana de la gente.

El ferry que durante cincuenta años mantuvo conectado al pueblo con la otra orilla del Magdalena está detenido.

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Y mientras no aparezca una alternativa viable, la crisis seguirá creciendo río arriba y río abajo.


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