
Tío confesó que abusó y mató a su pequeña sobrina, pero dice no recordar dónde la enterró
El crimen ocurrió en el municipio de Imbert, provincia de Puerto Plata, al norte de República Dominicana. El propio tío de la niña confesó que la abusó, la asesinó y la enterró, pero aseguró entre lágrimas que no recuerda el lugar donde dejó su cuerpo.
No hubo rescate. No hubo final distinto. Hubo crimen. En el municipio de Imbert, el responsable de la desaparición de la niña Brianna Genao González, de 3 años, fue quien debía protegerla: su propio tío. El hombre confesó ante las autoridades que abusó de ella, la mató y luego la enterró, cerrando cualquier duda sobre el destino de la menor.
La confesión se produjo tras horas de interrogatorio. Acorralado por las contradicciones y el avance de la investigación, el familiar directo terminó admitiendo que acabó con la vida de su sobrina. Después, como si el daño no fuera suficiente, aseguró entre lágrimas que no recuerda el lugar exacto donde ocultó el cuerpo, prolongando el dolor de una familia que aún no ha podido despedirse.
La desaparición de la menor
Brianna fue vista por última vez el 31 de diciembre, en el sector Barrero, una zona rural de Imbert. Desde entonces, la comunidad se volcó a su búsqueda mientras el asesino convivía con vecinos, autoridades y familiares, sosteniendo versiones falsas y participando de una angustia que él mismo había provocado.
Tras la confesión, los operativos se intensificaron. Equipos forenses, unidades especializadas y perros entrenados rastrean terrenos, fincas y zonas boscosas del municipio. Cada excavación es un intento por encontrar a la niña que su propio tío asesinó y escondió bajo tierra.
El padre de Brianna indicó que fue contactado por las autoridades para informarle nuevos detalles sobre el caso de su hija, señalando que las dos personas detenidas confesaron todo lo que le habían hecho a la menor.
“No voy a decir por aquí porque lo que se oye es horroroso, muy mal, lamentable”, expresó en medio de su dolor.
“Me enseñaron las fotos, dónde lo hicieron, cómo lo hicieron. Todo”, relató. Indicó que le mostraron el modo en que ingresaban a la casa, dónde escondían la llave y dónde tenían a la niña.
“Yo me enteré de todo. ¿Cómo un ser humano puede tener un corazón así, de hacerle eso a una niña tan chiquita, a un angelito?”, dijo entre lágrimas.
“Encontraron en el piso una huella del pie de la niña con sangre. Yo vi suficiente evidencia”.
Aunque los indicios apuntan al peor desenlace, el padre aún guarda la esperanza de encontrar a su hija con vida.
“Para mí no hay suficiente evidencia”, afirmó.
“Yo siento que mi niña está viva”.
“Mientras no encuentren el cuerpecito de mi niña, yo tengo en mi mente que mi niña está viva”, añadió.
Las autoridades mantienen bajo custodia a otras personas del entorno familiar para establecer si hubo encubrimiento, silencio cómplice u omisiones. La investigación sigue abierta y no se descartan nuevas imputaciones.
En Imbert no hay palabras suaves. El crimen fue cometido desde adentro, con brutalidad y traición. No se trata solo de una niña asesinada, sino de la ruptura absoluta del lazo más básico de confianza.
Brianna sigue desaparecida. Su cuerpo permanece enterrado en algún punto que solo su asesino conoció y que hoy dice no recordar. Mientras no aparezca, el crimen seguirá vivo, y la comunidad no permitirá que la crueldad de este acto quede sepultada junto al silencio.
PAUTE
AQUÍ
420 px x 450 px
INFO AQUÍ
