
Tenía 17 años y más de diez muertos: el rastro sangriento del menor que sembró terror en Bucaramanga
Alias “Julito” no era un estudiante ni un joven en riesgo: era un sicario. Comenzó a matar a los 15 años y, antes de cumplir la mayoría de edad, ya acumulaba más de diez homicidios, entre ellos el de su exnovia de 17 años, asesinada a tiros por negarse a retomar la relación. Su captura alivió a Santander, pero abrió un interrogante que preocupa: ¿cuánto tiempo estará realmente fuera de las calles?
Tenía 17 años, pero su nombre ya pesaba como el de un criminal curtido. No aparecía en listas de colegios ni en registros de bienestar juvenil, sino en informes de inteligencia, escenas de crimen y expedientes judiciales.
Alias “Julito” era señalado como un gatillero frío, metódico y letal, responsable de más de una decena de homicidios en el área metropolitana de Bucaramanga.
Desde los 15 años, cuando otros adolescentes apenas empiezan a definir quiénes son, él ya empuñaba armas, disparaba sin temblar y huía sin dejar rastro. En apenas dos años, construyó un prontuario que hoy estremece incluso a investigadores con décadas de experiencia.No era un error aislado. Era una carrera criminal acelerada.
El crimen que lo delató
El 23 de enero dejó de ser un nombre más en rumores callejeros y se convirtió en el rostro de una tragedia que sacudió a Bucaramanga. Ese día asesinó a Cynthia Valeria Espitia Argüello, una adolescente de 17 años que había sido su pareja. La mató, según las autoridades, porque ella no quiso volver con él.
Cynthia estaba compartiendo con otras jóvenes en el barrio San Miguel cuando “Julito” llegó armado y abrió fuego. En el ataque resultaron heridas Mayra Alejandra Colmenares Amado y Allison Valentina Espitia. Cynthia no sobrevivió.
“Mi hija solo tenía 17 años y porque no quiso volver con su exnovio, él le arrebató la vida a bala frente a su hermana”, dijo su madre, con la voz rota.
El crimen no fue impulsivo. Fue directo. Letal. Calculado.

Un adolescente que mataba sin piedad
Las autoridades aseguran que alias “Julito” actuaba con una frialdad impropia de su edad. Disparaba sin dudar, escapaba sin dejar pistas y se movía entre municipios como un delincuente experimentado. Su nombre aparece vinculado a homicidios ocurridos desde noviembre pasado, cuando la violencia se intensificó en distintos sectores de Bucaramanga y su área metropolitana.
Uno de los casos más graves es un doble homicidio en Floridablanca, en el sector El Páramo–El Caracolí. Dos hombres fueron asesinados y una mujer quedó gravemente herida tras un ataque armado. Una de las víctimas fue identificada como Juan Andrés López Hernández, alias “Gafas”. Según las investigaciones, las víctimas habrían sido citadas y, tras una discusión, el agresor disparó. La mujer logró huir, pero fue alcanzada por los tiros. Sobrevive, pero su testimonio es clave.
La huida terminó con un video
Durante semanas, “Julito” estuvo escondido. Cambiaba de lugar, se movía en zonas rurales y evitaba cualquier rastro digital. Hasta que cometió un error.
Envió un video a un familiar. En las imágenes aparecían aviones volando a baja altura. Ese detalle permitió a los investigadores ubicar su escondite: una finca en el municipio de Lebrija, cerca del aeropuerto Palonegro.
Un operativo conjunto de la SIJIN y el GOES cerró el cerco. El menor fue aprehendido y en el lugar se halló un arma de fuego que ahora es pieza clave del proceso judicial.
La cacería terminó. El historial quedó al descubierto.
Cuando la delincuencia nace en casa
El caso se volvió aún más perturbador cuando las autoridades allanaron su vivienda. En el operativo fueron capturadas su madre y su hermana. Se incautaron sustancias alucinógenas y se señaló a la madre como presunta líder de una red de microtráfico que operaba en el sector de El Páramo.

Según la investigación, alias “Julito” no solo creció en un entorno violento: hacía parte activa de una estructura criminal familiar. La casa no era refugio, era base de operaciones.
No fue un niño rescatado por el delito. Fue un niño criado dentro de él.
La captura que alivia, pero no tranquiliza
Santander respira tras su aprehensión, pero la preocupación no desaparece. Al ser menor de edad, el proceso se rige por el Sistema de Responsabilidad Penal para Adolescentes. La pregunta que inquieta a las víctimas, a las autoridades y a la ciudadanía es una sola: ¿cuánto tiempo estará realmente tras las rejas?
Un adolescente con más de diez muertes encima. Dos mujeres asesinadas. Un historial construido en tiempo récord. Y una condena que, para muchos, no estará a la altura del daño causado.
Alias “Julito” tiene 17 años. Sus víctimas ya no tienen edad.
PAUTE
AQUÍ
420 px x 450 px
INFO AQUÍ
