Tenía 16 años, amaba el fútbol y murió regresando a casa, tras chocar violentamente con una motocicleta que se le atravesó


Regresaba a su casa luego de compartir con familiares y amigos. Fue auxiliado y trasladado a un hospital, pero falleció minutos después por la gravedad de las heridas.

Jesús Daniel Caballero había pasado el 25 de diciembre haciendo lo que más disfrutaba: compartir con su gente, reírse, meterse a la piscina y pasar la resaca emocional que deja la Navidad en familia. Había abrazos, conversaciones y planes cortos, de esos que se hacen sin pensar que el tiempo se puede acabar ese mismo día.

De regreso a casa, se movilizaba en una motocicleta junto a otra persona cuando, en una curva de la vía que conecta el sector de las piscinas Los Mangos con el municipio de Plato, otro vehículo similar se les atravesó y provocó un choque frontal, en jurisdicción de Zambrano. El impacto fue seco, directo, sin oportunidad de reacción.

Jesús Daniel fue quien llevó la peor parte. Quedó gravemente herido sobre la carretera mientras quienes presenciaron el accidente intentaban auxiliarlo. Minutos después, organismos de socorro lo trasladaron en ambulancia hasta el Hospital Fray Luis de León. Fue una carrera desesperada contra el tiempo.

Pese a los esfuerzos del personal médico, el adolescente falleció poco después de su ingreso al centro asistencial. La noticia rompió de golpe la calma del hogar al que nunca alcanzó a regresar. Para su familia, el día que debía cerrar con descanso y gratitud terminó convertido en duelo.

Lea también: Nochebuena de plomo: sicarios asesinaron a dos amigos que departían en Barranquilla

En el barrio Juan 23, donde Jesús Daniel era conocido, el dolor fue colectivo. Amigos y vecinos no podían asimilar que el joven con el que habían compartido horas antes ya no estuviera. “Ayer estaba aquí”, repetían, tratando de entender lo que no tiene explicación.

Jesús Daniel era un muchacho sano, estudioso y querido. Amaba el fútbol y hablaba de ese sueño con la seguridad de quien apenas empieza a vivir. Su muerte deja un vacío profundo y una advertencia que se repite en las vías del municipio: un segundo basta para que una familia pase de celebrar la Navidad a enterrar a uno de los suyos.


¿Quieres pautar

con nosotros?