
“Te dije que no andaras en malos pasos”: madre castiga a correazos a su hijo detenido por la Policía
El adolescente fue aprehendido por su presunta participación en hechos delictivos y, aunque el caso permanece bajo reserva, la reacción de su madre dentro del comando policial —lejos de la defensa o el consuelo— desató un fuerte debate sobre disciplina, responsabilidad y delincuencia juvenil.
La Policía ya lo tenía retenido cuando su madre llegó al comando. El adolescente, señalado de participar en presuntas actividades ilegales, esperaba lo que muchos esperan en ese momento: respaldo, una palabra de alivio, una defensa desesperada. No ocurrió.
La mujer entró alterada, con el rostro endurecido por la rabia y la decepción. No preguntó por garantías, no suplicó explicaciones, no intentó frenar el procedimiento. Fue directo hacia su hijo y lo enfrentó sin rodeos, delante de uniformados y de otras personas que estaban en el lugar.
“Te dije que no andes en malos pasos”, gritó.
La frase no fue un reclamo aislado. Fue el inicio de una reprimenda pública que incluyó regaños y un ataque a correazos. El joven intentaba detenerla, pedía que parara, pero ella insistía en recordarle que ya había sido advertido, que sabía a lo que se exponía.
Testigos relataron que el ambiente se tensó. El adolescente, reducido por la situación y por la autoridad, quedó también expuesto al juicio más duro: el de su propia madre. No hubo justificaciones ni excusas. Tampoco lágrimas visibles. Solo reproche y una lección impuesta en el momento más crítico.
El procedimiento policial se mantuvo en reserva. No se han revelado identidades ni el lugar exacto de los hechos, y las autoridades no han entregado mayores detalles mientras avanzan las investigaciones. Sin embargo, la escena trascendió rápidamente en comentarios y relatos de terceros, convirtiéndose en tema de conversación pública.
Las reacciones no tardaron. Algunos ciudadanos respaldaron a la mujer, señalando que actuó con firmeza y que, a diferencia de otros casos, no intentó encubrir ni minimizar la conducta de su hijo. Para ellos, fue una muestra de responsabilidad y un mensaje claro contra la delincuencia juvenil.
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Otros cuestionaron la violencia del castigo y advirtieron sobre los límites de la disciplina, especialmente tratándose de un menor de edad.
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