“Son usureros, nos cansamos de las estafas en los precios”: turistas explican por qué dejaron de gastar en Playa Blanca


La queja de vendedores y prestadores de servicios de Playa Blanca, en la isla de Barú, por la caída de las ventas durante la temporada alta, desató una respuesta masiva de turistas de todo el país. Visitantes aseguran que llegar con comida, bebidas y elementos propios es una forma de protegerse de precios abusivos, malos tratos y cobros que, denuncian, se repiten cada visita.

La polémica estalló cuando vendedores de Playa Blanca denunciaron que, pese a la alta afluencia de visitantes en la temporada de fin y comienzo de año, las ventas cayeron de manera considerable. Según ellos, el cambio de comportamiento del turista —que ahora llega con alimentos, bebidas, neveras portátiles y hasta sillas armables— golpeó directamente sus ingresos.

“Las playas se ven llenas, pero eso no se ve reflejado en ingresos para las familias, cuyo sustento depende únicamente del turismo de esta playa”, manifestó uno de los voceros de los comerciantes de Barú.

Pero la respuesta no tardó en llegar y fue contundente: miles de comentarios en redes sociales dejaron claro que el problema, según los visitantes, no es la falta de voluntad para consumir, sino el cansancio frente a prácticas abusivas.

“Llegan con todo y no nos dejan nada”

Edgar Rodríguez, uno de los prestadores de servicios del sector, expresó públicamente su inconformidad. Señaló que los turistas ya no solo ingresan con su propia comida y bebidas, sino también con elementos como sillas armables, lo que, según él, hace inviable el trabajo de quienes dependen del turismo.

Así no nos dejan nada. Antes el turista consumía, ahora viene preparado”, afirmó, al tiempo que pidió a las autoridades controlar el ingreso de estos elementos al balneario.

Esa petición fue el detonante del debate. Para los turistas, la solicitud no solo es inviable, sino injustificada.

“No es tacañería, es defensa”

La mayoría de las respuestas en redes sociales apuntaron a un mismo argumento: el visitante se cansó de los precios elevados, los cobros sorpresivos y los tratos irrespetuosos.

“Los turistas nos cansamos del mal trato de los vendedores de esta playa. Vine encantada con el mar, pero terminé muy inconforme con el servicio y los costos”, expresó Milena Ceballos.

Otros fueron más directos al explicar por qué hoy llegan preparados desde casa.

“Está bien apoyar el emprendimiento local, lo que no está bien es abusar del turista, al límite de hacerlo traer cosas de su casa, compradas en otro lugar donde no abusan de su bolsillo”, escribió Edriz Pizarro.

Álvaro Bermúdez puso el foco en el trato humano: “Cuando aprendan a respetar y tratar cordialmente a los turistas, sin abusar de ellos, creo que les va a ir mucho mejor”.

Nidia Hernández resumió el sentir general con una frase que se repitió en decenas de comentarios: “Los turistas nos cansamos que nos roben de frente”.

Un destino sin reglas claras

En medio del cruce de versiones, otros ciudadanos recordaron que Playa Blanca es un espacio público y que ningún visitante puede ser obligado a consumir ni se le puede prohibir el ingreso con alimentos o elementos personales.

La playa es libre. No pueden pedirle a ninguna autoridad que le quite ese derecho al turista”, señalaron varios usuarios, cuestionando la solicitud de controles al ingreso.

Este punto desata el debate sobre la falta de regulación efectiva en el sector y la ausencia de tarifas claras, visibles y vigiladas por las autoridades competentes.

El cambio de comportamiento del turista
Para muchos visitantes, llevar comida, bebidas y hasta sillas propias no es una moda, sino una respuesta directa a experiencias negativas acumuladas durante años. Denuncian cobros excesivos por platos sencillos, como mojarra frita y bebidas, así como presiones indebidas para consumir servicios no solicitados.

Ante ese panorama, el turista optó por prevenir conflictos y gastos inesperados. Esa decisión, aunque legal, terminó afectando a quienes viven del turismo y dependen del consumo diario para subsistir.

Un conflicto que se repite cada temporada

Playa Blanca vuelve a quedar en el centro de la polémica. No por la cantidad de visitantes, sino por una relación rota entre prestadores y turistas. Mientras no existan reglas claras, control de precios, sanciones a los abusos y una cultura de servicio que priorice el respeto, el balneario seguirá siendo escenario de denuncias y desconfianza.

Lea aquí: En Playa Blanca, los vendedores están ‘mamados’ de los turistas que llegan con todo de casa y no compran

Hoy, el mensaje del turista es claro: no dejaron de gastar por capricho. Dejaron de gastar para defenderse.


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