“Solo quiero que mis nietos no sufran lo que yo sufrí”: a metros de la desalinizadora prometida, barrios sin agua enfrentan otra desilusión


Adultos mayores de la localidad 3, que por décadas han sobrevivido sin agua potable, sienten que el freno presidencial al proyecto de la planta desalinizadora les arrebató la única promesa real de solución. Entre frustración, rabia y resignación, comunidades enteras vuelven a enfrentar la misma condena: seguir esperando.

Doña Nelsy ya no espera milagros.

A sus más de 70 años, lo dice sin dar vueltas y con lágrimas que no logra contener: probablemente morirá sin saber qué se siente abrir una llave y que salga agua dentro de su casa.

En el barrio La Paz, en la localidad 3 de Santa Marta, su vida ha sido una rutina marcada por la escasez.

Décadas enteras corriendo detrás de carrotanques, cargando pimpinas bajo el sol y reutilizando cada gota como si fuera oro.

—“Yo ya creo que no alcanzaré a saber qué es tener agua en la casa, pero quiero morir tranquila sabiendo que mis nietos no sufrirán lo que yo sufrí”, dice con la voz quebrada.

No habla desde la política. Habla desde el cansancio. Porque el agua, para ella, nunca fue un servicio público. Fue una lucha diaria.

Durante años ha tenido que calcular cuándo bañarse, cómo lavar la ropa y cuánta agua reservar para cocinar. Cada decisión doméstica ha sido una batalla contra la escasez.

—“Ya no quiero más esto. Estoy cansada”, reconoce.

Una ilusión que volvió a romperse

Hace meses algo cambió en el ambiente del barrio.

Las máquinas, los estudios y los anuncios sobre la construcción de una planta desalinizadora despertaron una esperanza que muchos creían imposible.

Doña Nelsy no entiende cómo funciona una desalinizadora. Nunca ha visto una. Solo sabe una cosa: que el agua vendría del mar y llegaría por fin a su casa. Y eso bastaba para volver a creer.

Pero la ilusión una vez más duró poco.

El presidente Gustavo Petro decidió rechazar el lote propuesto para la construcción de la planta, argumentando que podría beneficiar principalmente al sector hotelero. La noticia causó un profundo dolor en barrios donde el turismo no existe y donde el debate político suena lejano frente a una necesidad básica.

Aquí no hablan de hoteles, hablan de sobrevivir.

Rabia en la comunidad

Edgardo José Lara Palomino, líder social de la localidad 3, no oculta su indignación.

—“Es absurdo lo que dice el presidente. Se nota que lo están mal informando o hay intereses políticos que pueden dañar todo lo planeado para resolver el agua en Santa Marta”, afirma.

Lara ha seguido cada fase del proyecto y asegura que el impacto sería mucho más amplio de lo que se ha dicho.

Según explica, la planta no solo abastecería a barrios vulnerables cercanos, sino que permitiría liberar caudal del sistema actual de acueducto para redistribuir agua hacia otras zonas de la ciudad.

—“Esto es un proyecto de ciudad. Aquí ganamos todos. No entiendo la posición del presidente”, insiste.

La historia que siempre se repite

En Cristo Rey, Orlando —otro adulto mayor— escucha las noticias con una mezcla de resignación y tristeza.

Para él, lo ocurrido no es sorpresa.

—“Yo alcancé a ilusionarme, tengo que confesarlo, pero todo parece que el presidente también nos fallará. La frustración en nuestras casas es muy grande”, dice.

Su frase resume décadas de promesas incumplidas en Santa Marta: anuncios, estudios, proyectos… y barrios enteros que siguen sin agua.

Mientras tanto, generaciones completas han crecido viendo a sus padres cargar baldes como parte normal de la vida.

La apuesta del Distrito

El alcalde Carlos Pinedo Cuello mantiene una postura más prudente. Confía en que los planes que avanzan a buen ritmo no sean modificados por falta de claridad.

Por eso envió una carta técnica detallada al Gobierno Nacional explicando el alcance real de las dos plantas desalinizadoras contempladas dentro del plan maestro de acueducto.

La administración distrital espera que el documento despeje las dudas del presidente y permita destrabar un proyecto considerado clave para resolver la crisis histórica del agua en la ciudad. Sus cuentas siguen claras: en junio se adjudicará la construcción de la planta en un lote que eligió el propio gobierno nacional.

Reitera que su principal apuesta es convertir una promesa en una obra definitiva.

Entre la esperanza y la desilusión

En La Paz, Cristo Rey, Los Lirios y otros donde la falta de agua golpea con crudeza, la sensación es contradictoria.

La esperanza apareció… pero volvió a tambalear.

Las comunidades soñaban con algo simple: abrir una llave, no cargar más pimpinas, no perseguir carrotanques, no enseñarles a sus hijos a sobrevivir sin agua.

Los adultos mayores lo dicen sin rabia, pero con una tristeza profunda: ellos ya esperaron demasiado.
Tal vez no alcancen a verlo.

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Pero todavía quieren creer que sus nietos sí conocerán algo que en cualquier ciudad debería ser normal.
Porque en Santa Marta, el agua dejó de ser un servicio hace mucho tiempo. Se convirtió en una deuda histórica que aún sigue sin pagarse.


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