
Sicarios recorrieron Soplador repartiendo balas: mataron a un vendedor de helados y un campesino
Dos hombres fueron asesinados a tiros en distintos puntos del corregimiento de Soplador, en la Zona Bananera, tras un ataque ejecutado por sicarios en motocicleta. Las víctimas eran personas humildes y conocidas en la comunidad. El doble crimen dejó escenas de dolor y reforzó el miedo por el accionar impune de la violencia en esta zona del Magdalena.
En el corregimiento de Soplador no fue una sola muerte. Fueron dos. Y ocurrieron casi al mismo tiempo. Dos hombres en motocicleta recorrieron el corregimiento disparando y apagando vidas sin obstáculo alguno. Llegaron, mataron y se fueron. Así, con la misma facilidad con la que hoy actúa el crimen en la Zona Bananera.
El primer ataque ocurrió en el barrio La Popa. El segundo, minutos después, cerca del puente que divide a Soplador con Palos Prietos. En ambos casos, testigos señalaron a los mismos agresores: dos sujetos en motocicleta, con iguales características, que se acercaron a sus víctimas y dispararon en repetidas ocasiones hasta dejarlas sin vida.
Las víctimas fueron identificadas como Juan Carlos Villamil, conocido en el corregimiento como “El Sixa”, y Moisés, un humilde vendedor de helados que durante años recorrió las calles ganándose el sustento de manera honrada. Por eso el impacto fue mayor. En Soplador no los señalaban como criminales, sino como hombres de trabajo.
Entre murmullos, algunos habitantes intentaban explicar lo inexplicable. Unos decían que los mataron por supuestamente ser informantes de un grupo armado. Otros hablaban de un malentendido fatal. Pero nada está confirmado. Lo único cierto es que dos hombres humildes fueron ejecutados y quedaron tendidos en plena vía pública.
Uno de los cuerpos quedó aún sentado en la silla donde reposaba. El otro quedó tirado en mitad de la calle, bajo la mirada atónita de vecinos que no lograban entender lo que acababa de ocurrir. Las escenas fueron grabadas por personas que presenciaron el horror.

La imagen más desgarradora llegó después. Un hermano abrazaba el cuerpo sin vida de su ser querido, lloraba desconcertado y repetía una y otra vez: “¿por qué, manito, por qué?”. Nadie tenía una respuesta. Solo silencio, miedo y rabia.
El doble homicidio desató pánico en el corregimiento de Soplador, donde los sicarios actuaron sin encontrar resistencia. La comunidad quedó paralizada, mientras se esperaba la llegada del CTI para realizar el levantamiento de los cuerpos y avanzar en las investigaciones.
En la Zona Bananera, la violencia volvió a imponer su ley. Dos muertos, dos familias destruidas y un mensaje claro: los asesinos entran, disparan y se van, mientras el miedo se queda viviendo con la gente.
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