
Sicario de traje y corbata ejecutó a empresario y su escolta a la salida de un prestigioso gimnasio
El atacante, camuflado con ropa elegante lo esperó durante 15 minutos antes de dispararle. En el atentado también murió su escolta. Las autoridades investigan el crimen como un sicariato meticulosamente planeado.
Lo esperaron como si fuera una cita.
A las 3:45 de la tarde del miércoles 11 de febrero de 2026, el empresario arrocero Gustavo Andrés Aponte Fonnegra salió de un gimnasio en la calle 85 con carrera Séptima, en el barrio La Cabrera, uno de los sectores más exclusivos del norte de Bogotá. Afuera, un hombre vestido de traje y corbata llevaba varios minutos merodeando. No parecía un sicario. Parecía un ejecutivo más. No lo era.
Se le acercó y disparó de manera directa contra él y su escolta, el policía retirado Luis Gabriel Gutiérrez Garzón. Los tiros alteraron la tranquilidad en plena vía pública. Peatones corrieron. Conductores buscaron refugio. Las víctimas quedaron tendidas sobre el pavimento, gravemente heridas.
Minutos después fueron trasladados a la Clínica del Country. Allí se confirmó lo inevitable: ambos habían muerto.
Un crimen calculado
Las cámaras de seguridad son hoy la pieza central de la investigación. Según la reconstrucción oficial, el sicario no improvisó. Permaneció alrededor de 15 minutos en la zona esperando el momento exacto. Observó. Midió tiempos. Ejecutó.
Tras el ataque huyó como parrillero en una motocicleta cilindraje 200 que lo esperaba a pocos metros. La escapatoria estaba prevista. El plan, trazado.
El comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, Giovanni Cristancho, confirmó que se trató de un acto sicarial planeado al detalle.
“Llegaron a esperar a su víctima 15 minutos antes; planearon la forma de caracterizar al sicario y, así mismo, donde parquearon la motocicleta también estaba totalmente planeado”, explicó.
No fue un arrebato. Fue una ejecución.
El perfil del empresario
Gustavo Andrés Aponte Fonnegra, de 46 años, era un empresario agroindustrial con amplia trayectoria en el sector arrocero. Estaba vinculado a la dirección de la marca Arroz Sonora, con operaciones en Tolima y Casanare, y pertenecía a una familia con tradición en el negocio agrícola.
También participaba en proyectos sociales a través de la Fundación Gustavo Aponte Rojas. En el gremio era reconocido como un directivo activo, con presencia constante en el sector productivo.
Su círculo cercano incluía a figuras del ámbito político y empresarial. Tras conocerse su muerte, María Carolina Hoyos Turbay destacó públicamente la amistad que lo unía a su hermano, el exsenador Miguel Uribe Turbay, recordando el acompañamiento que Aponte brindó a su familia en momentos difíciles.
Sicariato en zona de alta vigilancia
El crimen no ocurrió en un barrio periférico ni en la madrugada. Fue en plena tarde, en una zona de alta circulación, rodeada de comercios, oficinas y cámaras de seguridad.
El sector fue acordonado mientras unidades judiciales recolectaban vainillas y analizaban los registros audiovisuales para reconstruir cada segundo del ataque. Hasta ahora no hay capturas ni una línea clara sobre el móvil.
La Fiscalía y la Policía avanzan en determinar quién ordenó el asesinato y qué motivó la ejecución. Lo que sí está claro es el nivel de planeación: un sicario disfrazado de ejecutivo, una espera paciente, una huida coordinada.
Bogotá suma así un nuevo caso de sicariato que sacude no solo por la identidad de la víctima, sino por la estrategia que se armó para cometerlo.
En una de las zonas más vigiladas de la capital, un hombre vestido de traje caminó durante 15 minutos sin levantar sospechas. Y cuando decidió actuar, dejó dos muertos sobre el asfalto.
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