Se estaba muriendo sin saberlo: el aire acondicionado sobre su cama la estaba enfermando


Lesiones en la piel, caída de cabello y una drástica pérdida de peso marcaron el deterioro de salud de una joven en Denver. Solo al abandonar el apartamento los síntomas desaparecieron. El caso terminó en un acuerdo confidencial en julio de 2025.

Durante meses creyó que su cuerpo estaba fallando. En realidad, el problema estaba sobre su cabeza.

Mercedes Brooke comenzó a enfermarse lentamente después de mudarse a un apartamento de una habitación en Denver. Lo que parecía una reacción alérgica pasajera terminó convirtiéndose en un deterioro físico acelerado: lesiones cutáneas, pérdida de cabello y casi siete kilos menos en apenas un mes.

Nada tenía explicación clara. Hasta que salió del lugar.

El cuerpo empezó a avisar

Los primeros síntomas aparecieron semanas después de instalarse junto a su perro Labradoodle, Berkley. Al inicio fueron molestias leves. Luego llegaron las visitas constantes a centros médicos y los exámenes clínicos que mostraban indicadores elevados asociados a exposición a moho.

Mientras buscaba respuestas médicas, su estado físico empeoraba. La caída del cabello se volvió evidente, el peso disminuía sin razón aparente y las lesiones en la piel comenzaron a multiplicarse.

Durante ese tiempo, Brooke aseguró haber reportado reiteradamente a la administración del inmueble un problema en el sistema de aire acondicionado, que presentaba filtraciones de agua. Le informaron que el daño había sido reparado, pero, según su versión, la fuga continuó durante cerca de tres meses.

Fue precisamente en ese periodo cuando su salud empezó a deteriorarse.

La señal inesperada

La sospecha llegó por accidente. Tras ausentarse del apartamento durante una semana, notó algo que no había ocurrido en meses: los síntomas desaparecieron.

Sin lesiones nuevas. Sin malestar. Sin agotamiento extremo.

La mejoría repentina encendió las alarmas. Al regresar al inmueble decidió revisar con detalle el equipo de climatización instalado justo encima de su cama. Allí, según relató posteriormente, encontró acumulación visible de moho en el interior del sistema.

La coincidencia dejó de parecer casual.

Cuando incluso la mascota enfermó

El caso tomó un giro más inquietante cuando observó que Berkley, su perro, también presentaba caída de pelaje. Lo que inicialmente había atribuido a factores externos comenzó a apuntar hacia el entorno donde vivían.

Para entonces, llevaba siete meses en el apartamento soportando síntomas persistentes que no lograban estabilizarse pese a tratamientos médicos y cambios en su rutina.

Especialistas y allegados le recomendaron abandonar el lugar. Finalmente decidió irse al considerar que el inmueble no ofrecía condiciones seguras para habitar.
La decisión cambió todo.

La recuperación fuera del apartamento

Tras mudarse, los síntomas cedieron progresivamente hasta desaparecer, según su versión. La recuperación reforzó su convicción de que el origen del problema estaba dentro del sistema de climatización.

Posteriormente inició un reclamo legal contra la empresa administradora del inmueble, alegando afectaciones a su salud derivadas de la presencia de moho.

El proceso concluyó en julio de 2025 mediante un acuerdo privado cuyos términos permanecen bajo confidencialidad.

Un caso que terminó en silencio

El cierre legal puso fin a la disputa, pero dejó abiertas preguntas sobre las condiciones de mantenimiento de viviendas y los riesgos invisibles dentro de espacios habitacionales.

Durante siete meses, Brooke buscó respuestas médicas sin imaginar que la causa podía estar suspendida en el aire que respiraba cada noche.

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La enfermedad no llegó desde afuera. Estaba instalada dentro del apartamento, funcionando silenciosamente sobre su cama.


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