
¿Se arrepintió Petro de la planta desalinizadora para Santa Marta? Dice que la obra beneficiará a los ricos y no a los pobres
El presidente Gustavo Petro cuestionó duramente la ubicación de la planta desalinizadora de Santa Marta, un proyecto que ya está estructurado y socializado. Desde un consejo de ministros acusó a sus propios funcionarios de favorecer a cadenas hoteleras y dejó en el aire una obra que la ciudad ve como su única salida más cercana a la crisis histórica del agua.
Santa Marta que ya respiraba un ambiente de esperanza de tener por fin agua, dormirá este martes con una nueva incertidumbre. Lo anterior luego de que el presidente Gustavo Petro, en una alocución desde Montería, generara dudas sobre la construcción de la planta desalinizadora que la ciudad espera desde hace décadas.
El mandatario dijo que apenas se enteró dónde la iban a instalar, y que el sitio escogido favorece a hoteles y no a los pobres.
En ese sentido, dejó clara su posición en la que no estaba dispuesto a “meter medio billón de pesos” para beneficiar a empresarios privados. Sus palabras cayeron como un baldado de agua fría sobre una ciudad que ya creía tener, por primera vez, una ruta clara para salir de tantos años de sufrimientos por no tener acceso al preciado líquido.
Petro habló con molestia. Contó que hace apenas 10 o 15 días le mostraron un mapa y descubrió que la planta quedaría cerca del hotel Irotama, en el sector de Gaira.
Preguntó si la inversión pública era “para el agua de los hoteles” y calificó de irresponsables a sus propios funcionarios por permitirlo. “¿Qué les pasa? ¿Los ricos del mundo no tienen plata para hacer su propia desalinizadora?”, lanzó frente a las cámaras.
Un proyecto ya socializado y aprobado
Lo que para el presidente es un despropósito, para la administración distrital es un proyecto técnico que ya fue discutido hasta el cansancio. La ubicación en el corredor sur no solo cubriría zonas turísticas; también abastecería sectores populares como Gaira, La Paz, Cristo Rey y decenas de comunidades que llevan años recibiendo agua por carrotanques o, sencillamente, no recibiéndola.
La desalinizadora no es una idea improvisada. Hace parte del Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado, fue revisada por entidades nacionales, y se complementa con la ampliación de la planta El Curval y con el fortalecimiento de El Roble para llevar agua a sectores que hoy no tienen una gota. Todo eso fue socializado con delegados del mismo Gobierno nacional. Por eso el reclamo del presidente sonó, para muchos, como si hubiera llegado tarde a su propio proyecto.
El mandatario fue más allá y prácticamente regañó al Ministerio de Vivienda. Dijo que lo habían engañado, que el agua debía salir hacia el norte de la ciudad, donde —según él— están los más pobres, y no hacia un eje donde se mueven grandes capitales turísticos. Incluso afirmó que ya había despedido a un funcionario por ese tema.
Pero en Santa Marta la lectura es otra. El sur también es pobreza, también es abandono, también es sed. Y además es la puerta del turismo, el sector que sostiene la economía local y que se ha visto golpeado por años por la falta del servicio. Sin agua no hay competitividad, no hay empleo y no hay desarrollo. Esa ecuación la conocen los samarios mejor que nadie.
Nuevamente hay incertidumbre
Las palabras de Petro reabrieron un miedo que la ciudad creía superado: que la desalinizadora vuelva a convertirse en promesa eterna. Durante años el proyecto pasó por estudios, mesas técnicas y anuncios que nunca se materializaron. Cuando por fin parecía tener financiación y cronograma, el propio presidente le puso freno verbal en horario estelar.
“¿Nuestra inversión pública es para el agua de los hoteles?”, repitió. Y con esa frase dejó a Santa Marta otra vez en la mitad de la pelea ideológica entre ricos y pobres, como si la ciudad no fuera ambas cosas al mismo tiempo.
La Alcaldía insiste en que el proyecto beneficiará a miles de familias vulnerables y que no se trata de privilegiar empresarios, sino de construir un sistema integral.
Técnicos recuerdan que la planta del sur permitirá liberar caudales para otros sectores y que, junto con El Curval, aumentará la disponibilidad para toda la ciudad.
Sin embargo, el mensaje presidencial pesó más que cualquier explicación técnica. En los barrios donde el agua llega de vez en cuando en la madrugada y en baldes, la gente volvió a preguntarse si otra vez les cambiarán las reglas a mitad del partido.
Petro dejó claro que no está conforme y que revisará todo. Santa Marta, en cambio, solo tiene una pregunta: ¿se va a hacer la planta o no?
Porque mientras en Bogotá se discute el mapa, aquí se sigue discutiendo el derecho básico a abrir la llave y que salga agua. Y esa decisión, después de tantos años de sequía y promesas, no parece admitir otro aplazamiento.
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