Santa Marta se adelanta a la crisis: declaran calamidad pública ante una sequía que amenaza su agua y montañas


El distrito busca evitar una crisis de agua y contener el aumento de incendios forestales en los primeros meses del año.

La decisión de declarar la calamidad pública, adoptada en el Consejo Distrital de Gestión del Riesgo de 2026, tiene el propósito de anticiparse frente a un fenómeno que los samarios conocen bien: cuando llueve menos, la ciudad sufre más. No se trata solo de cifras climáticas, sino de barrios que dependen del carrotanque, cerros que arden con facilidad y fuentes hídricas que cada año se secan mucho más.

El anuncio de menos lluvias para el primer trimestre del año reavivó viejos temores. En Santa Marta, la disminución de caudales no es un escenario hipotético: es una realidad cíclica que golpea con mayor fuerza a los sectores periféricos y a las comunidades más vulnerables.

Cuando baja el agua en los ríos y pozos, el problema se siente de inmediato en los barrios altos. Aquí el agua llega por horas, y a veces ni eso”, relata María Martínez, habitante de un sector de la zona nororiental, donde el suministro de agua es intermitente incluso en temporadas normales.

Las autoridades reconocen que el riesgo no es menor. A la escasez de agua se suma el incremento de incendios de cobertura vegetal, favorecidos por la sequedad del suelo y los fuertes vientos que azotan la ciudad y su zona rural.

La calamidad pública como herramienta

La declaratoria de calamidad pública, liderada por el alcalde Carlos Pinedo Cuello, busca dotar a la administración distrital de herramientas excepcionales para responder con mayor rapidez. Entre ellas, la posibilidad de agilizar procesos contractuales, fortalecer la logística de atención y coordinar acciones interinstitucionales sin las limitaciones habituales.

Esta decisión nos permite anticiparnos y no reaccionar cuando la emergencia ya esté encima”, explicó el secretario de Gobierno, Camilo George Díaz, al término del consejo. Según indicó, uno de los ejes centrales será garantizar el suministro de agua a través de carrotanques si el desabastecimiento se profundiza.

El agua, el punto más sensible

En el centro de la estrategia está la Empresa de Servicios Públicos de Santa Marta, Essmar E.S.P., encargada de estructurar un plan de contingencia que será acelerado bajo el marco de la calamidad.

Fuentes del sector señalan que la reducción de caudales en las fuentes de captación obliga a optimizar la distribución y priorizar a la población más afectada. En los próximos días, la administración distrital y Essmar revisarán de manera conjunta este plan para ajustar su ejecución y evitar improvisaciones.

La clave es planear ahora. Cuando el agua falta, no hay margen de error”, señaló un funcionario técnico vinculado al proceso.

Incendios: la otra cara del verano

El otro frente crítico es el riesgo de incendios forestales. Con la vegetación seca y los vientos constantes, cualquier chispa puede convertirse en una emergencia mayor. Por eso, el Cuerpo de Bomberos reforzará su trabajo preventivo, especialmente en zonas rurales y de interfaz urbano-forestal.

El director encargado de la Oficina para la Gestión del Riesgo y Cambio Climático, Darío Linero Mejía, anunció la instalación de un Puesto de Mando Unificado (PMU), que permitirá coordinar de forma permanente a las entidades de socorro, autoridades ambientales y dependencias distritales.

“La idea es tener una respuesta inmediata y articulada, antes de que un incendio o la falta de agua se conviertan en una tragedia”, explicó.

Radiografía de una ciudad vulnerable

Santa Marta enfrenta esta temporada seca con viejos problemas estructurales aún sin resolver: crecimiento urbano desordenado, presión sobre las fuentes hídricas, asentamientos en zonas de riesgo y una alta dependencia del clima.

Lea aquí: Santa Marta llena, vigilada y en orden: el turismo respondió con más un millón de visitantes

La calamidad pública no soluciona de fondo estos desafíos, pero sí evidencia que el Distrito reconoce la magnitud del riesgo y la necesidad de actuar antes de que la sequía golpee con mayor fuerza.
Para los ciudadanos, el mensaje es claro: el verano apenas comienza y la ciudad se prepara para resistirlo.


¿Quieres pautar

con nosotros?