
Santa Marta, la segunda ciudad más barata del país para vivir: playa y economía en un mismo destino
La capital del Magdalena registró una de las menores variaciones del Índice de Precios al Consumidor en 2025, según el Dane. Con un aumento del 3,64 %, se ubicó como la segunda ciudad más económica de Colombia, muy por debajo del promedio nacional.
Vivir frente al mar ya no es sinónimo de gastar de más. En un país golpeado por el aumento generalizado de los precios, Santa Marta aparece en el radar nacional no por una postal turística, sino por un dato que impacta directamente el bolsillo de sus habitantes. En 2025, la ciudad se consolidó como la segunda más barata para vivir en Colombia, una posición que contrasta con la realidad económica que enfrentan millones de hogares en otras capitales.
El resultado se desprende del más reciente informe del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, que midió la variación anual del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Santa Marta cerró el año con un incremento del 3,64 %, cifra que la dejó solo por detrás de Valledupar y muy por debajo del promedio nacional, que fue del 5,1 %.
No se trata de un dato menor. Mientras en la capital del Magdalena el impacto de la inflación fue contenido, en otras ciudades el golpe fue directo al presupuesto familiar. Bucaramanga lideró el listado de las más costosas, con una variación del 5,78 %, seguida muy de cerca por Pereira (5,77 %). Bogotá tampoco escapó al alza y cerró el año con un 5,41 %, mientras Popayán alcanzó el 5,25 %.

El contraste es aún más evidente cuando se revisa el comportamiento de otras grandes capitales. Barranquilla y Medellín rondaron el 5,07 % y 5,06 %, respectivamente, cifras que, aunque moderadas, superaron con claridad el registro samario. Cali y Cartagena también cerraron el año con variaciones superiores, presionando el costo de vida de sus habitantes.
Santa Marta no estuvo sola en la franja baja de la inflación. Detrás se ubicaron ciudades como Montería, Riohacha, Ibagué, Sincelejo, Neiva, Tunja y Pasto, que lograron contener el alza de precios, aunque sin alcanzar el equilibrio que permitió a la capital del Magdalena escalar hasta el segundo lugar nacional entre las más económicas.

El dato, sin embargo, va más allá de una tabla estadística. En una ciudad históricamente marcada por el turismo, la cifra envía un mensaje distinto: Santa Marta también es un territorio donde se puede vivir con menos presión económica. Menor inflación significa mercados más estables, servicios con incrementos controlados y una carga más llevadera para los hogares.
En tiempos donde cada peso cuenta y la calidad de vida se mide tanto en bienestar como en capacidad de pago, Santa Marta rompe el estereotipo. Playa, brisa, naturaleza y ahora un costo de vida más amable. No es solo un destino para vacacionar; es, cada vez más, una ciudad posible para quedarse y construir futuro frente al Caribe.
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