Robó a una mujer y se refugió en una iglesia en plena misa para que no lo lincharan


Un hombre en condición de calle le arrebató el celular a una mujer en la Avenida del Río y, perseguido por motociclistas, terminó escondiéndose dentro de la iglesia Medalla de La Milagrosa. Interrumpió la eucaristía pidiendo auxilio al sacerdote y devolvió el teléfono suplicando que no lo golpearan.

Entró corriendo, sudado, con la respiración acelerada y los ojos hinchados. Afuera lo venían cazando. Adentro, la misaseguía su curso hasta que el hombre, sin pedir permiso, se plantó frente al altar y le rogó al sacerdote que lo protegiera. Acababa de robar un celular y la calle ya había dictado su sentencia.

Minutos antes le había arrebatado el teléfono a una mujer en la Avenida del Río, en Santa Marta. El grito de auxilioencendió la persecución: varios motociclistas salieron tras él. El ladrón corrió sin rumbo hasta encontrar una puerta abierta: la iglesia Medalla de La Milagrosa. Ese fue su escondite.

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Los feligreses quedaron paralizados cuando el hombre interrumpió la eucaristía sin camisa. Algunos rezaban, otros grababan, y varios más le exigían que devolviera el celularAcorralado, con la cruz de fondo, sacó el celular y lo entregó. “No me vayan a hacer nada, por favor”, repetía con la voz temblorosa.

Afuera lo esperaban los mismos que lo persiguieron. El rumor de la paloterapia crecía como una amenaza real. El sacerdote trató de calmar los ánimos, recordó que el templo no era un campo de batalla, pero la rabia de la gentepesaba más que cualquier sermón.

El hombre se negaba a salir. Sabía lo que le aguardaba en la callepuñospatadas, la justicia a mano limpia que tantas veces ha terminado en tragedia. La iglesia se convirtió en una trinchera improvisada mientras alguien llamaba a la Policía.

Cuando los uniformados llegaron, lo escoltaron entre insultos y miradas de odio. La turba no quería leyes, quería venganza. Los agentes lograron sacarlo del templo y subirlo a la patrulla antes de que el castigo colectivo se desatara.

La misa continuó, pero nadie volvió a escuchar igual.


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