
Recogió a su hijo para un viaje familiar y murieron aplastados por un contenedor en la vía
Padre e hijo se dirigían a Puerto Boyacá para compartir el puente festivo. A pocos kilómetros de llegar, un contenedor se desprendió de un tractocamión y cayó sobre el vehículo en el que viajaban, causándoles la muerte en el acto.
El plan era muy esperado. Hernán David Mejía Henao había salido a buscar a su hijo Nicolás para pasar juntos el puente festivo, aprovechar el tiempo que tenían para compartir y cumplir con una rutina que, tras la separación, se había vuelto aún más valiosa. Era un viaje familiar, de esos que no admiten retrasos porque lo importante no es el destino, sino el momento que se va a vivir.
Pero ese trayecto no llegó a completarse.
El accidente ocurrió en la vía hacia Puerto Boyacá, cuando faltaban pocos kilómetros para arribar.
Hernán David conducía un Renault Sandero y llevaba a su hijo como copiloto. En cuestión de segundos, un contenedor que era transportado por un tractocamión se desprendió y cayó directamente sobre el techo del vehículo. El impacto fue tan violento que no hubo posibilidad de reacción ni de maniobra para evitarlo.
El peso de la estructura aplastó completamente el automóvil. Los sistemas de seguridad resultaron insuficientes ante la magnitud del golpe, y cuando los organismos de emergencia llegaron al lugar, ambos ocupantes ya habían fallecido. La escena evidenciaba la dimensión de lo ocurrido: el carro reducido bajo una carga de varias toneladas y dos vidas que se extinguieron de forma inmediata.
Detrás del hecho hay una historia que agrava la tragedia. Hernán David no solo viajaba para reencontrarse con su hijo, también tenía previsto recoger a su madre, Iliana Henao Salazar, docente, quien se encontraba en Puerto Boyacá recuperándose de una intervención quirúrgica. Era un desplazamiento cargado de responsabilidades familiares, de cuidado y de afecto, que terminó de la forma más cruel.
Quienes lo conocían coinciden en que su vida giraba alrededor de Nicolás. Trabajaba como técnico en motocicletas en Cimitarra y recientemente había logrado vincularse a una empresa de vidrios, con la intención de mejorar sus ingresos y garantizarle un mejor futuro a su hijo. Su cotidianidad estaba marcada por el esfuerzo y por una prioridad clara: responder como padre.
La muerte de ambos no solo deja un vacío familiar, sino que también pone sobre la mesa cuestionamientos inevitables sobre las condiciones de seguridad en las vías. El desprendimiento de un contenedor en movimiento no es un hecho menor y obliga a revisar los protocolos de transporte de carga pesada, así como los controles que deben garantizar que estructuras de ese tamaño no se conviertan en un riesgo mortal.
En medio del puente festivo, cuando cientos de familias se movilizaban por las carreteras del país, esta tragedia interrumpió de forma abrupta un viaje que tenía un propósito sencillo: compartir. Hernán David y Nicolás no alcanzaron a llegar, no pudieron encontrarse como lo habían planeado y no tuvieron margen para despedirse.
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El recorrido terminó antes de tiempo, aplastado por una falla que ahora deberá ser investigada, pero que ya dejó una consecuencia irreversible. Dos vidas se apagaron en segundos, justo cuando estaban a punto de reunirse para hacer lo que cualquier familia espera en un fin de semana: estar juntos.
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