¿Qué hizo El Mono para terminar vuelto pedazos? El crimen y desmembramiento que aterroriza a Soledad


El hallazgo del cuerpo desmembrado de un reciclador venezolano en Soledad abrió un expediente de miedo. Nadie habla en voz alta, pero todos preguntan lo mismo: con quién se metió, qué información tenía y por qué lo convirtieron en mensaje de terror.

En Soledad ya no se pregunta quién mató al reciclador. La pregunta es otra: qué hizo para que lo despedazaran y lo regaran como basura por el arroyo El Salao.

Las bolsas aparecieron cerca del barrio Las Moras. Adentro estaba lo que quedaba de Wilson Alexander Meléndez Marquina, 21 años, venezolano, conocido como “El Mono”, un joven que se ganaba la vida empujando un costal de reciclaje por las calles polvorientas del municipio. No tenía cabeza ni brazos. El resto del cuerpo fue tirado entre desechos, como si se tratara de otro desperdicio más.

Los vecinos fueron los primeros en dar aviso. Nadie tocó nada. En Soledad se aprende a mirar de lejos, a no preguntar demasiado, a esperar que llegue la Policía. Cuando los uniformados acordonaron la zona, el rumor ya corría de casa en casa: lo mataron para enviar un mensaje.

Un crimen sin hipótesis oficiales

La Policía Metropolitana confirmó la identidad y trasladó los restos a Medicina Legal. La Sijín tomó declaraciones, revisó cámaras, preguntó por sus rutinas. Hasta ahora no hay una versión oficial del móvil.
Lo único que admiten en voz baja es que el crimen tiene sello de ajuste de cuentas.

El perfil de la víctima —reciclador, joven, extranjero, moviéndose por barrios dominados por combos— encaja con una guerra que se libra en silencio: la del microtráfico y las extorsiones en Soledad. Allí las fronteras invisibles se pagan con la vida.

Fuentes judiciales reconocen que el lugar del hallazgo es territorio caliente. Bandas locales se disputan el control y cualquier desobediencia se castiga con brutalidad. Descuartizar no es solo matar: es advertir.

Los nombres que asustan

Medios locales han mencionado a dos viejos conocidos del expediente criminal del Atlántico: alias Negro Ober y alias Tilín. Según versiones extraoficiales, desde un centro de reclusión habrían ordenado el ataque para sembrar miedo y reafirmar control.

La Fiscalía y la Policía no confirman nada. Oficialmente el caso sigue en etapa de recolección de pruebas. Extraoficialmente, en las esquinas se repite otra teoría: El Mono vio algo que no debía ver, escuchó un nombre prohibido o cargó un paquete equivocado.

Nadie se atreve a decir más.

Un municipio bajo terror

El asesinato no es un hecho aislado. En las últimas semanas Soledad ha acumulado muertos a bala, panfletos, amenazas y extorsiones. La violencia ya no distingue horas ni lugares.
Las muertes son cada vez más sangrientas y los mensajes más explícitos.

Los habitantes hablan de un miedo que se volvió rutina: negocios que cierran temprano, mototaxistas que cambian de ruta, madres que no dejan salir a sus hijos. El cuerpo de El Mono terminó convertido en el último capítulo de esa historia de terror.

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Las autoridades anunciaron refuerzo de operativos en Soledad y Barranquilla. Dicen que esclarecerán el caso. Que habrá capturas. Que no quedará impune.

Pero en el barrio Las Moras la gente no espera comunicados.
Solo repiten la misma pregunta que retumba desde el día del hallazgo:

¿Qué hizo el reciclador para que lo descuartizaran y lo tiraran como basura por todas partes?


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