Policía decomisó juguetes que serían entregados a niños vulnerables y lo presentó como un duro golpe al contrabando


En zona rural de Los Palmitos, Sucre, la Policía incautó una pequeña cantidad de juguetes —avaluados en menos de dos millones de pesos— a un hombre que aseguró haberlos reunido para regalarlos a niños de escasos recursos durante las novenas. Aunque el propio comerciante explicó el origen de la mercancía, el procedimiento fue presentado como un golpe a la ilegalidad.

No era un cargamento.

No era una red de contrabando.

No era una operación millonaria.

Era una montañita de juguetes, apilados sin orden en la parte trasera de un furgón: muñecas de plástico, carritos livianos, balones sin estrenar y otros juguetes. Nada de lujo, nada de exceso. Su valor no alcanzaba siquiera los dos millones de pesos, pero su destino era enorme: las manos de niños pobres que esperaban un regalo en Navidad.

Ese era el contenido que avanzaba por una carretera rural del sector El Bongo, en Los Palmitos, Sucre, cuando se topó con un retén policial. El vehículo fue obligado a detenerse.
—Papeles —pidieron los uniformados.

El hombre no los tenía. Dijo que no era porque ocultara algo, sino porque nunca pensó que los necesitaría. Le señaló a los uniformados que había pasado semanas recolectando dinero como pudo: rifas improvisadas, venta de pasteles casa por casa, favores cobrados en monedas. No era comerciante mayorista ni distribuidor. Era alguien intentando que las novenas no pasaran en blanco para los niños de las veredas. Dijo que siempre hacía esa obra.

La explicación no cambió el procedimiento.

El furgón fue abierto y la montañita quedó expuesta al borde de la vía. Uno a uno, los juguetes fueron revisados, contados, registrados. El avalúo fue rápido: más de un millón ochocientos mil pesos. Para la Policía, mercancía sin soportes. Para él, semanas enteras de esfuerzo reducidas a un acta.

Mientras el operativo avanzaba, los habitantes del sector se acercaron. Miraban en silencio. Algunos grabaron con sus celulares. Otros preguntaron qué estaba pasando. Entonces llegaron las lágrimas.

“Los juguetes no eran para venderlos”, repetía el hombre, con la voz quebrada.

“Eran para regalarlos a niños de bajos recursos… hice rifas, vendí pasteles… mire”.

Nadie discutió la versión. Nadie la validó. La ley siguió su curso.

La Policía continuó con el decomiso, informó la incautación y expuso el resultado como un “golpe importante contra la ilegalidad”. El hombre fue detenido por no poder demostrar la procedencia de los juguetes. La montañita fue retirada del lugar.

Horas después, las imágenes comenzaron a circular en redes sociales. La reacción fue inmediata: incredulidad, rabia, tristeza. Para muchos, el operativo no golpeó una economía ilegal, sino una intención solidaria. No frenó un negocio ilícito, sino un gesto humano.

La indignación creció al pensar en los niños que esperaban esos juguetes para las novenas. En los regalos que ya no llegarían.
Las autoridades sostienen que actuaron conforme a la ley. La comunidad, en cambio, siente que esta vez la balanza cayó del lado equivocado. Que la norma fue implacable con quien menos tenía y más quería dar.

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El furgón se fue vacío.
Los juguetes quedaron bajo custodia.


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