
Pinedo al frente de la crisis: Alcaldía asiste a 930 familias damnificadas por lluvias de frente frío
El censo oficial confirma 23 viviendas destruidas, 93 inhabitables y barrios enteros cubiertos de lodo. El alcalde Carlos Pinedo lidera un plan de choque con ayudas humanitarias, maquinaria pesada y un Puesto de Mando Unificado para evitar que el desastre se convierta en tragedia mayor.
El frente frío dejó a Santa Marta de rodillas. No fue un aguacero más: fueron 36 horas de agua que se metieron a las casas, tumbaron paredes y convirtieron barrios completos en pantanos. Hoy el balance es crudo: 930 familias damnificadas, 23 viviendas borradas del mapa y 93 que no sirven ni para pasar la noche. La ciudad amaneció contando pérdidas.
Mientras la gente sacaba colchones podridos a la calle y los niños caminaban entre el barro, la Alcaldía activó un plan de emergencia para contener el golpe. El alcalde Carlos Pinedo Cuello asumió la coordinación directa y ordenó el despliegue de maquinaria amarilla, equipos de censo y brigadas de ayuda para llegar a los sectores más críticos.
Desde el Puesto de Mando Unificado, convertido en el cerebro de la operación, se organizan las rutas de asistencia y la evaluación de daños. Allí se cruzan las listas de damnificados con la entrega de mercados, colchonetas y kits de aseo, mientras los retroexcavadores abren paso entre toneladas de sedimento que bloquearon calles y entradas de barrios.
Las cifras del censo muestran el tamaño del desastre. Las Malvinas registra 243 familias afectadas; Simón Bolívar, 220, con dos casas destruidas; Milagros 1 y 2, 155; Vista al Mar, 120, con 11 viviendas en el suelo; Villa Betel, 62. A la lista se suman Fundadores, Ondas del Caribe, Playa Salguero, Colinas del Río, Gaira, Pescaíto, Villa Tabla, San Martín, Olaya Herrera y Timayuí. Ningún sector quedó a salvo.
En terreno, el panorama sigue siendo duro: neveras oxidadas en los andenes, ropa secándose sobre cercas y familias durmiendo donde puedan. Muchos perdieron lo poco que tenían. Otros temen que otra lluvia termine de llevarse lo que quedó en pie.

El secretario de Gobierno, Camilo George, explicó que la prioridad ha sido frenar el impacto inmediato:
“Se sigue avanzando en el censo, lo importante es la gestión de ayudas y la maquinaria amarilla desplegada para retirar los sedimentos y devolver la movilidad”.

El alcalde Pinedo ha repetido un mensaje claro: la atención será para todos y sin distinción. Bajo esa orden se aceleró la entrega de ayudas humanitarias en Villa Betel, Las Malvinas y El Milagro, mientras equipos técnicos siguen casa a casa levantando el registro de pérdidas para garantizar apoyos reales y no promesas.

El reto ahora es doble: asistir a casi mil hogares golpeados y preparar a la ciudad para un nuevo episodio de lluas que los pronósticos no descartan. Santa Marta todavía huele a humedad y miedo, pero también a trabajo de máquinas y manos que intentan levantarla.
La emergencia no ha terminado. Y la prueba para la administración apenas comienza: demostrar que la ayuda oficial puede ser más rápida que el próximo aguacero.
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