
Pillaron al ‘Mono’ Martínez dando mal ejemplo en las calles: manejaba moto sin casco ni placa ni espejos
El exconcejal de Santa Marta y excandidato a la Gobernación, fue grabado conduciendo una motocicleta sin casco y sin placas. El video, registrado por un ciudadano, se viralizó y reabrió el debate sobre el ejemplo de quienes han ostentado cargos públicos en una ciudad golpeada por la indisciplina vial.
La calle no perdona. No distingue entre el ciudadano anónimo y el político que un día tuvo micrófono y votos. La calle observa, espera y, cuando llega el momento, expone. A Miguel, el Mono Martínez, lo alcanzó en Santa Marta, no en un debate, sino en una escena cotidiana: una motocicleta sin casco y sin placas ni retrovisores.
El video comienza con un reclamo simple, casi pedagógico. Un conductor —al parecer taxista— lo graba y le habla sin insultos, pero con firmeza. Le recuerda lo que fue, las dignidades que tuvo, el cargo de concejal al que llegó y del que luego renunció. Le dice que un ciudadano de bien también se mide por lo que hace en la calle, que el ejemplo no se apaga cuando se baja del poder.
La imagen es incómoda. Miguel Martínez va manejando sin casco, sobre una moto que no porta placas, justo en una ciudad donde esa misma conducta explica buena parte del caos vial, los accidentes y las muertes. Santa Marta, saturada de motocicletas sin control, vuelve a verse reflejada en una escena mínima, pero que se viralizó con duros cuestionamientos hacia el ex concejal.
El Mono escucha, pero no responde. No hay explicación, no hay disculpa. Solo una frase corta, seca, casi indiferente: “Dale, sigue”. Y el silencio posterior pesa más que cualquier defensa. A veces, no decir nada también es un mensaje.
El video no tardó en recorrer las redes sociales y los grupos de WhatsApp. Se repitió una y otra vez, acompañado de comentarios, burlas, reproches y preguntas incómodas. ¿Dónde queda el discurso cuando la práctica va por otro carril? ¿En qué momento el ejemplo se volvió opcional?
Para Miguel Martínez, el 2025 sigue sumando capítulos difíciles. Este episodio, pequeño en apariencia, terminó siendo simbólico. No hubo comparendos, pero sí una sanción más dura: la del juicio público. En una ciudad cansada de la indisciplina vial, la imagen de un exdirigente infringiendo las normas cayó como gasolina sobre un fuego viejo.
La calle habló. Grabó. Viralizó. Y recordó que, en Santa Marta, el poder pasa, pero el ejemplo —o su ausencia— se queda.
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