Petro desbloquea Ciénaga: la variante que el Caribe pidió por años ya es una realidad


Con más de $410 mil millones de inversión, el Gobierno inauguró la variante Ciénaga–Magdalena, una vía esperada durante años por conductores y transportadores. La obra promete descongestionar el corredor Santa Marta–Barranquilla, reducir tiempos de viaje y avanzar en compromisos ambientales en una zona altamente frágil.

El Presidente Gustavo Petro regresó al Magdalena para entregar una obra que reclamaba el Caribe: la variante de Ciénaga. No fue un acto simbólico. Fue la puesta en funcionamiento de una vía que llevaba años en promesas, en diseños y en frustraciones, mientras el municipio seguía atrapado en trancones interminables y una movilidad que colapsaba cada temporada turística.

Esta vez, la obra dejó de ser anuncio y se volvió realidad.

La variante permitirá, por fin, “desembotellar” la entrada y salida de Ciénaga, conectándola directamente con la Troncal del Oriente y liberando uno de los cuellos de botella más críticos de la región. Para los conductores y transportadores, el mensaje fue claro: se acabaron las horas perdidas esperando avanzar unos metros. Por eso aplaudieron, por eso celebraron. La vía, dicen, les cambia la vida.

Según la Presidencia, la obra tuvo una inversión superior a los $410 mil millones, generó más de 1.200 empleos y beneficiará de manera directa a 1,8 millones de habitantes que dependen del corredor Santa Marta–Barranquilla para trabajar, estudiar, comerciar o transportar carga. Cada minuto ahorrado en este tramo se traduce en menos costos, menos estrés y más movilidad para toda la zona norte del país.

Pero el Gobierno quiso remarcar otra parte del proyecto: su enfoque ambiental.

El trazado elevado respeta zonas sensibles y evita afectar directamente la Ciénaga Grande. Además, incluye:

20 hectáreas de restauración de bosque seco tropical,
18 hectáreas de manglar recuperado,
proyectos productivos para pescadores, y obras comunitarias como nuevas canchas para fortalecer el tejido social.

Petro insistió en que la infraestructura debe servir para “adaptarse a la crisis climática” y corregir desigualdades históricas en territorios vulnerables. La variante, dijo, es un paso en esa dirección: una vía que no solo mueve carros, sino que intenta reparar daños ambientales y mejorar condiciones para quienes viven alrededor.

En Ciénaga, el ambiente fue distinto al de otros eventos: sin confrontaciones, sin controversias y con el reconocimiento, incluso de sectores críticos, de que esta obra era necesaria, urgente y transformadora.

La variante ya está abierta. El tráfico empieza a fluir. Y el Caribe, por primera vez en mucho tiempo, siente que una promesa de infraestructura llegó a tiempo y funciona. Porque en un territorio acostumbrado a esperar, una vía que se cumple es más que cemento: es un respiro. Un cambio. Otra deuda que por fin se salda.


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