
Peligroso preso de La Picota se fugó suplantando la identidad de un visitante
Mientras el país encendía velas y pedía deseos por la llegada de diciembre, en la cárcel La Picota se encendían alarmas: un recluso condenado a 28 años por secuestro extorsivo se fugó tras suplantar a un visitante.
En Bogotá, dentro de los muros de la cárcel La Picota, se escribió una escena que dejó a las autoridades en jaque: un recluso de alta peligrosidad se les escapó usando el método más viejo, elemental y sorprendentemente efectivo en el mundo carcelario: un ‘cambiazo’.
Eran las 4:20 p. m. cuando Pedro David Nieves Mosquera, condenado a 28 años de prisión por secuestro extorsivo, encontró el hueco perfecto en los controles. Lo hizo con la calma de quien sabe que solo tiene una oportunidad. Su familiar, Alexander Marulanda Ríos, había ingresado minutos antes a la jornada de visitas. Lo que ocurrió después fue una maniobra tan sencilla como inquietante: intercambiaron identidades.
Según fuentes internas, Nieves Mosquera salió del penal haciéndose pasar por Marulanda. Caminó hacia la puerta con la naturalidad de un visitante más, aprovechando un descuido en la verificación biométrica y documental. Al mismo tiempo, Marulanda permaneció dentro, sentado en una silla, esperando que el engaño surtiera efecto. Y surtió.
El personal de vigilancia detectó las inconsistencias solo cuando el fugitivo ya había cruzado la salida. La alarma se activó de inmediato. La cárcel entró en estado de emergencia. Revisaron listas, cámaras, formularios, la fila de visitantes que intentaba abandonar el penal. Cuando confirmaron la suplantación, ya era tarde: Pedro David Nieves Mosquera estaba afuera desde hacía varios minutos.
El visitante, Alexander Marulanda Ríos, no tuvo margen de maniobra. Quedó detenido al instante. Su nombre volvió a los expedientes judiciales que ya conocen sus antecedentes: más de ocho años en prisión por extorsión y una nueva captura en 2023 por presuntamente participar en el secuestro de un empresario mientras estaba recluido. Para las autoridades, su reincidencia no sorprende; lo que sí preocupa es que, aun con estos antecedentes, el ‘cambiazo’ funcionara tan fácilmente.
La fuga golpeó al penal en uno de los días más vigilados del año. Por eso, en cuestión de minutos, la Policía y los organismos judiciales entraron en acción.
Se distribuyó la alerta en Bogotá, se reforzaron controles en vías principales y se inició el rastreo de cámaras y señales que permitieran reconstruir la ruta del fugado. Hasta anoche, no había rastro claro de él.
La escena dejó en evidencia algo más que una fuga: un vacío en los protocolos que, otra vez, pone en entredicho las medidas de seguridad de una de las cárceles más importantes del país.
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