Pacientes con epilepsia denuncian que se quedaron sin medicamentos: aseguran que las entidades de salud no se los están entregando


Cerca de 20.000 personas sufren la falta de entrega de los tratamientos necesarios para prevenir ataques convulsivos, situación que ha llevado a varias familias a prestarse remedios entre sí mientras médicos alertan por graves riesgos para la vida.

Decenas de personas diagnosticadas con epilepsia en el país denunciaron que el sistema de salud dejó de entregarles los medicamentos que necesitan para mantener bajo control las convulsiones.

La falla en la distribución afecta a cerca de 20.000 usuarios que dependen de estas dosis mes a mes, quienes al llegar a los puntos de reclamo reciben como única respuesta que existen inconvenientes de tipo logístico.

Comprar los remedios en droguerías comerciales no es una opción para la mayoría, ya que el costo de un solo tratamiento mensual puede estar por encima del millón de pesos.

Esta interrupción en los despachos afecta de forma directa a remedios claves como el Clobazam.

De acuerdo con la Asociación Pacientes de Alto Costo, las demoras en las farmacias de la EPS completan alrededor de tres semanas debido a trámites administrativos relacionados con el cambio de proveedor y de registro sanitario del fármaco.

La falta de entregas golpea casos de alta complejidad, como el de una niña de 11 años que padece una enfermedad rara y ha requerido 37 hospitalizaciones desde los seis meses de edad.

Su padre advirtió que la reserva de medicinas que le queda solo alcanza para cubrir esta semana.

Ante la falta de respuesta oficial y con las reservas agotadas, los afectados comenzaron a buscar alternativas comunitarias para evitar que los enfermos suspendan las dosis, llegando incluso al punto de prestarse o intercambiar las últimas cajas de pastillas disponibles.

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La urgencia radica en que la falta de medicación tiene consecuencias médicas severas: los especialistas en la materia advierten que los pacientes con epilepsia difícil de controlar que dejan de tomar sus remedios y sufren episodios de convulsiones enfrentan un riesgo de muerte súbita cinco veces más alto que el de las personas que mantienen su tratamiento de forma continua.


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