No solo fiesta: Pablo Acuña convirtió el Carnaval en escenario para hablar de empleo y cultura


El candidato liberal a la Cámara acompañó celebraciones en Santa Marta y Nueva Granada, donde defendió el Carnaval como motor económico y cultural para cientos de familias del departamento y planteó la necesidad de respaldo estatal permanente a las tradiciones populares.

El Carnaval no solo fue música, disfraces y comparsas. También fue escenario político. Entre tambores, multitudes y calles llenas de celebración, el candidato a la Cámara por el Magdalena, Pablo Acuña, apareció en distintas festividades del departamento llevando un mensaje claro: la cultura también se defiende desde el Congreso.

Durante el fin de semana carnestolendo, Acuña recorrió actividades en Santa Marta y el municipio de Nueva Granada, sumándose a celebraciones tradicionales que, más allá de la fiesta, representan el sustento económico de cientos de familias que dependen de estas jornadas para sobrevivir.

Su presencia no pasó desapercibida. En medio del ambiente festivo, el aspirante liberal insistió en que el Carnaval no puede seguir siendo visto únicamente como entretenimiento temporal, sino como una estructura económica popular que requiere apoyo institucional real.

La fiesta como escenario social

En Santa Marta, Acuña acompañó la tradicional fiesta de San Agatón, en el sector de Mamatoco, una celebración que cada año reúne a comunidades enteras alrededor de la música, la danza y las expresiones culturales que sobreviven gracias al esfuerzo colectivo de vecinos y gestores culturales.

Allí compartió con familias, organizadores y artistas locales que, pese a las dificultades económicas, sostienen la tradición con recursos limitados y trabajo comunitario.

El recorrido permitió evidenciar una realidad constante en las festividades populares: detrás de cada desfile hay meses de preparación, inversión propia y apuestas familiares que dependen del éxito del Carnaval para recuperar lo invertido.

Nueva Granada: cultura que resiste

La agenda continuó en Nueva Granada, donde el candidato acompañó comparsas, músicos y grupos culturales que mantienen viva una de las celebraciones más representativas del municipio.

Entre calles llenas de color y presentaciones artísticas, Acuña reiteró que estas expresiones culturales representan oportunidades laborales para sectores históricamente olvidados.

“Detrás de cada comparsa, de cada disfraz y de cada tambor, hay empleo, hay economía popular y hay dignidad. La cultura no es un gasto: es una inversión en identidad, en oportunidades y en desarrollo para nuestra gente”, afirmó durante su recorrido.

El mensaje apuntó directamente a una discusión recurrente en el departamento: la falta de políticas públicas sostenidas para los hacedores culturales, quienes, según líderes comunitarios, solo reciben atención institucional durante temporadas festivas.

Más allá del Carnaval

El candidato sostuvo que el respaldo a estas manifestaciones debe trascender la coyuntura electoral o la temporada cultural y convertirse en una política permanente desde el Estado.

Según explicó, el fortalecimiento del sector cultural impacta directamente a artesanos, músicos, madres cabeza de hogar y jóvenes que encuentran en estas actividades su primera fuente de ingresos.

“Cuando apoyamos el Carnaval, apoyamos a quienes viven de él. El Magdalena tiene una riqueza cultural enorme y merece planificación y respaldo real”, señaló.

Sus declaraciones se dan en medio de un escenario político donde la cultura comienza a ocupar un lugar central en los discursos de campaña, especialmente en territorios donde las festividades representan una de las principales dinámicas económicas temporales.

Fiesta, economía y política

Mientras las comparsas avanzaban y la música seguía sonando, el recorrido dejó en evidencia una realidad difícil de ignorar: el Carnaval no solo moviliza emociones, también mueve dinero, empleo informal y expectativas sociales.

En un departamento donde muchas familias dependen de temporadas específicas para generar ingresos, la discusión sobre el apoyo estatal a la cultura empieza a tomar un tono más urgente.

Entre abrazos, fotografías y recorridos por las calles festivas, Pablo Acuña convirtió la celebración en plataforma para posicionar una idea: que la cultura deje de ser vista como un gasto ocasional y pase a convertirse en una apuesta estructural para el desarrollo del Magdalena.

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Porque, mientras el Carnaval dura unos días, las necesidades de quienes lo hacen posible permanecen todo el año.


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