
No murió solo Yeison Jiménez: el accidente aéreo mató a su familia musical
El siniestro de la avioneta que cobró la vida de Yeison Jiménez también acabó, en cuestión de segundos, con la vida de cinco de sus amigos más cercanos y miembros clave de su equipo de trabajo. No eran acompañantes ocasionales: eran la agrupación, el círculo íntimo que lo acompañaba en cada gira. Murieron todos.
El accidente no dejó sobrevivientes ni margen para el auxilio. La aeronave cayó pocos segundos después del despegue, poniendo fin a seis vidas que viajaban juntas rumbo a un nuevo concierto. La tragedia fue inmediata, brutal y definitiva.
Con Yeison Jiménez no viajaban desconocidos. Iban sus amigos, los mismos con los que compartía camerinos, vuelos, hoteles y escenarios. Hombres que no solo trabajaban con él, sino que hacían parte de su día a día y de su confianza absoluta.
En la cabina estaba Fernando Torres, piloto de la avioneta, responsable de llevarlos a destino. Su muerte dejó no solo una familia en duelo, sino una investigación abierta sobre qué falló en un vuelo que apenas comenzaba.
También viajaba Óscar Marín, piloto de confianza del artista y hombre clave en los desplazamientos aéreos de la agrupación. Conocía las rutas, los horarios y la dinámica de la gira. Era parte del círculo más cercano de Jiménez.

Jefferson Osorio, booking manager, era quien organizaba la agenda del cantante. Negociaba presentaciones, cerraba contratos y aseguraba que cada show se cumpliera. Su vida transcurría detrás del escenario, pero sostenía gran parte de la carrera del artista.

En el avión iba Weisman Mora, fotógrafo y realizador audiovisual. Era el encargado de documentar la vida del grupo, los conciertos y los momentos personales. Fue él quien grabó y publicó el último video antes del despegue, una imagen que hoy duele como una despedida involuntaria.
La sexta víctima fue Juan Manuel Rodríguez, productor visual y responsable de la mercancía oficial. Su trabajo conectaba a Yeison Jiménez con sus seguidores. Cada producto, cada detalle visual pasaba por sus manos. También era parte de la familia musical.

Venían de una presentación en Santander y se dirigían a Antioquia para cumplir otro compromiso. En Marinilla ya los esperaban músicos, técnicos y fanáticos. La noticia no llegó como anuncio de tarima, sino como confirmación de una tragedia: el artista y toda su agrupación habían muerto.
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Hoy, el país no llora solo a una estrella de la música popular. Llora a un grupo entero que vivía, viajaba y soñaba junto. Seis amigos, seis trabajadores, seis vidas que se apagaron al mismo tiempo. En este accidente no hubo una sola pérdida. Hubo una familia musical completa que no volvió a aterrizar.
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