
“No estoy acorralado”: Nain reaparece en video, pide garantías a las autoridades para su “marcha por la paz” y advierte a los “JJ”
Tras 20 días oculto, el comando Menor de las ACSN volvió a aparecer en video, sin armas ni uniforme militar, para desmentir su supuesta neutralización, pedir acompañamiento de Policía, Gobernación y Alcaldía a la marcha del 5 de febrero en Riohacha y lanzar advertencias al grupo JJ. El defensor de derechos humanos.
El hombre que el Ejército dio por cercado reapareció sin esconderse. A bordo de una camioneta, vestido de civil y mirando a la cámara, Nain Pérez Toncel, “El Bendito Menor”, aseguró que no está acorralado, pidió protección oficial para la marcha que él mismo convocó y lanzó una advertencia directa contra el grupo JJ.
En La Guajira, una región atravesada por el miedo, su mensaje suena menos a paz y más a pulso por el control de la calle.
El video, difundido este 4 de febrero de 2026, rompe casi tres semanas de silencio. Esta vez, Pérez Toncel no apareció con prendas militares ni exhibiendo armas, como ha ocurrido en otras publicaciones. La escena fue distinta: dentro de un vehículo, con ropa blanca, convocando a la comunidad y haciendo una petición especial a la fuerza pública.
“Salgo a la luz pública para aclarar muchas situaciones”, dijo, antes de pedir respaldo institucional para la movilización de este jueves: “quiero pedirle a las autoridades y a la Gobernación y al alcalde que nos apoyen con su presencia policial… esto es una marcha convocada por la paz”.
El pedido deja a la institucionalidad bajo presión: un señalado narco–influencer solicita acompañamiento oficial para un evento que él controla en redes y en territorio.
El choque con los JJ: “los tenemos identificados”
Nain Pérez dedicó buena parte del video a atacar a los JJ, un grupo que —según él— busca sabotear la marcha. Los descalificó y lanzó un listado de presuntos integrantes:
“Son unos bandidos… unos chirretes que quieren amedrantar a la población desde la cárcel… alias Pipe, alias Caín, alias El Chico Trenza, alias El Diablito”.
Luego elevó el tono con una advertencia que encendió alarmas:“que tome medidas con los reclusos… de lo contrario, esto se puede prestar para consecuencias más graves más adelante”.
En otras palabras: si el Estado no actúa, el conflicto puede escalar.
La amenaza previa: “objetivo militar” para los que salgan a marchar
La tensión subió porque, antes del video de El Menor, los JJ difundieron un mensaje en el que advirtieron que quienes participen en la marcha serían “objetivo militar” y llamaron a la gente a no salir.
Tres hombres armados manifestaron que todo aquel que apoye a Nain Pérez Toncel sufriría represalias armadas.
Esa amenaza convierte la convocatoria en un punto de alto riesgo: una movilización presentada como pacífica, pero cruzada por intimidaciones, enemigos armados y posibilidad real de violencia en las calles.
La advertencia de Lerber Dimas: “esto no es un gesto de paz”
El defensor de derechos humanos Lerber Dimas cuestionó de frente el sentido de la marcha. Para él, el acto no es pacifista sino una maniobra de control social.
“Esto no es un gesto de paz. De hecho, es todo lo contrario”, señaló.
Dimas puso el foco en un detalle clave: Nain Pérez Toncel actúa “en nombre propio”, sin mencionar de forma explícita a la estructura armada a la que se le atribuye pertenencia. Y ahí lanza la pregunta que agita el tablero: “actúa en nombre propio… ¿estamos hablando de una disidencia? ¿o definitivamente este grupo no controla sus mandos medios?”
Su lectura es contundente: el discurso de paz no desarma, legitima. Y la movilización podría terminar siendo una vitrina pública de respaldo a un actor ilegal.
¿Paz o demostración de poder en La Guajira?
Expertos consultados coinciden en que el trasfondo va más allá de una caminata de blanco. La convocatoria funciona como medición de fuerza: cuánta gente responde, cuántos líderes acompañan, cuánta calle se puede ocupar sin oposición.
En ese marco, la reaparición “sin camuflado” no suaviza el mensaje: lo hace más estratégico. Un actor ilegal intentando presentarse como líder social, mientras señala enemigos, exige presencia policial y condiciona la seguridad futura.
Hasta ahora, las autoridades no han emitido un pronunciamiento público sobre la marcha, ni sobre las amenazas del grupo JJ, ni sobre el pedido explícito de acompañamiento policial hecho por El Bendito Menor.
En un escenario donde la intimidación ya puso en la mira a los participantes, el silencio institucional aumenta la incertidumbre sobre lo que puede pasar mañana en Riohacha.
El 5 de febrero no será solo una marcha. Será una prueba de quién manda en la calle: si la gente sale, Nain Pérez consigue foto de respaldo; si no sale, el miedo gana y sus enemigos se apuntan el golpe. En cualquier caso, la paz vuelve a aparecer en La Guajira como un discurso en disputa… con fusiles alrededor, aunque no salgan en cámara.
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