
No dejaron a ninguno: la violencia exterminó a los hermanos Rodríguez y destruyó a una familia en Soledad
El asesinato de Glenis Patricia Rodríguez Ariza, una adolescente de 16 años, cerró una cadena de ataques que en menos de tres meses acabó con la vida de todos sus hermanos. La joven había huido por amenazas, regresó para despedir a uno de ellos y terminó asesinada en la terraza de su propia casa.
La violencia no dejó sobrevivientes en la familia Rodríguez. Primero fue uno. Después otro. Y cuando creyeron que todo había terminado, llegaron por ella. La última hija. La menor. La que intentó escapar.
Glenis Patricia Rodríguez Ariza tenía 16 años y sabía que su apellido estaba marcado. Por eso se había ido a Bogotá. Su familia temía que la historia no hubiera terminado con la muerte de sus hermanos y le insistieron en que no regresara. Pero el duelo pudo más que el miedo.
Volvió al municipio de Soledad para despedir a Yeiner Rodríguez, asesinado el 6 de febrero. Era el segundo hermano que enterraban en menos de tres meses. Antes, el 26 de noviembre de 2025, habían matado a Keiner.
Dos ataúdes seguidos. Dos balaceras. Dos silencios obligados en la misma casa. La familia creyó que el ciclo de violencia había terminado, pero se equivocaron.
La advertencia que nadie logró detener
Tras el segundo crimen, las amenazas no desaparecieron. Según versiones extraoficiales, la familia Rodríguez venía siendo intimidada desde hacía meses. El miedo los obligó a dispersarse, a esconderse, a salir del barrio.
Glenis también se fue.
Pero estaba enamorada. Y creyó que el peligro había pasado. Decidió quedarse.
Días después del entierro de su hermano, mientras compartía con familiares en la terraza de su vivienda en el barrio Ciudad Paraíso, hombres armados llegaron en motocicleta.
No preguntaron por nadie solo llegaron haciendo disparos especialmente contra ella.
La adolescente cayó herida frente a los suyos. Fue trasladada de urgencia a un centro asistencial, pero los médicos no pudieron salvarla. Murió horas después. Tenía 16 años.
El final de una familia
Con la muerte de Glenis, la tragedia dejó de ser una cadena de asesinatos aislados y se convirtió en una historia de exterminio familiar.
Tres hermanos asesinados en menos de tres meses. Ninguno sobrevivió.
Sus padres quedaron solos, enfrentando el peso de tres funerales consecutivos y una casa marcada por el miedo y el silencio.
Vecinos de Ciudad Paraíso aseguran que la familia vivía bajo tensión constante. Algunos recuerdan las advertencias, otros prefieren callar. En el barrio, hablar puede costar la vida.
Hoy solo quedan preguntas. ¿Fue una venganza ¿Un ajuste de cuentas? ¿Una persecución sistemática?
Las autoridades confirmaron que investigan los hechos, pero hasta ahora no hay capturas ni una versión oficial que explique por qué todos los hijos de una misma familia terminaron asesinados.
La muerte de Glenis no solo golpeó a sus padres. Sacudió a una comunidad que empieza a normalizar lo impensable: jóvenes asesinados antes de llegar a la adultez y familias enteras borradas por la violencia.
En Ciudad Paraíso, los vecinos repiten la misma frase: aquí nadie está seguro.
La adolescente que intentó huir terminó muriendo en el lugar donde creció. No perdonaron a ninguno.
Y detrás de las cifras oficiales, quedó una casa vacía, tres tumbas recientes y unos padres que ahora entienden que la violencia no solo mata personas: también acaba familias completas.
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