
Murió esperando atención: la vida de un niño de seis años se apagó en un pasillo mientras discutían si había cama
Llegó con vida a la Clínica El Prado, pero la atención nunca llegó a tiempo. Testigos y familiares denuncian negligencia tras permanecer sin asistencia en un pasillo.
Josué Centeno Granados tenía seis años y todavía respiraba cuando lo bajaron de la ambulancia. Minutos después, estaba muerto en un pasillo.
No hubo urgencia, no hubo reacción inmediata, no hubo atención. Mientras el niño luchaba por aire, la discusión era otra: no había camillas disponibles.
La tragedia ocurrió frente a sus familiares, quienes hoy señalan que la vida del menor se perdió en medio de la demora, la indiferencia y una atención que nunca llegó.
Una alerta que nadie atendió
Desde días antes, Josué venía enfermo. Fiebre constante y fuertes dolores de cabeza alertaron a su familia, que decidió llevarlo al puesto de salud IPC de La Candelaria, en el barrio Mar Eugenia.
Allí recibió una valoración inicial. El diagnóstico era que requería atención especializada. La remisión a la Clínica El Prado se hizo de inmediato.
En la ambulancia, el panorama ya era crítico. El personal médico que lo acompañaba no dudó en advertir la gravedad.
“Este niño viene mal, con problemas de respiración. Hay que entubarlo”, le dijo el médico de la ambulancia al personal de la clínica al momento de la entrega.
La advertencia fue más directa segundos después:
“Pónganse pilas que el niño está mal, se va a morir”.
El mensaje era urgente, según relata un familiar. La respuesta no lo fue.
El pasillo donde se apagó
Al llegar a la clínica, la escena cambió de la urgencia al abandono.
Josué fue dejado en una camilla en el pasillo. No había cama disponible. No había espacio en urgencias. No hubo reacción inmediata para asistirlo.
Un testigo describe lo que vio sin rodeos: “El médico de turno estaba caminando con el celular en la mano”.
El tiempo pasó. Varios minutos en los que el niño seguía en una camilla, sin intervención, sin primeros auxilios, sin maniobras para estabilizarlo.
La hermana del menor lo resume con rabia:
“No lo querían atender porque no había camillas. No le dieron ni los primeros auxilios”.
En ese mismo lapso, asegura, se escuchó una frase que hoy pesa como una acusación: “Dijo que el niño estaba muerto sin haberlo revisado”.
Versiones enfrentadas
Cuando finalmente intentaron valorar al menor, el dictamen fue inmediato: llegó sin signos vitales.
Esa versión es rechazada por la familia y por testigos que presenciaron la escena. Ellos sostienen que Josué sí llegó con vida, que respiraba, que aún había oportunidad.
Para ellos, la demora fue determinante. La falta de acción, irreversible.
El caso queda marcado por dos versiones opuestas: la oficial, que indica que el niño ingresó sin vida, y la de quienes aseguran que la negligencia le costó la última oportunidad de sobrevivir.
Silencio oficial y exigencia de justicia
Hasta ahora, no existe un informe médico oficial que detalle con claridad las causas de la muerte ni el estado exacto del menor al momento de su ingreso.
Ese vacío alimenta la indignación. También la desconfianza.
La familia de Josué anunció que iniciará acciones legales para esclarecer lo ocurrido y exigir responsabilidades.
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Mientras tanto, la imagen permanece intacta: un niño de seis años, en una camilla, en un pasillo, esperando una atención que nunca llegó.
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