
Murió el padre que degolló a su hija para impedir que celebrara Velitas con su mamá
El hombre que asesinó a la niña en Soledad para castigar a su expareja, murió horas después en el hospital Adelita de Char. No soportó la gravedad de las heridas que él mismo se causó tras degollar a la pequeña. La familia materna relata el terror que vivió la niña en sus últimos días y las amenazas que nadie imaginó que terminarían en un crimen de violencia vicaria.
Albeiro Rafael Fontalvo Hernández, de 32 años, ya venía mostrando un comportamiento violento. Su expareja, Lisbeth Paola Rosado, lo sabía. La familia también lo intuía. Pero nadie imaginó que sería capaz de llevar la violencia hasta el límite más monstruoso: asesinar a su hija de 7 años.
La niña —Albeiranis Paola Fontalvo Rosado— acababa de graduarse de jardín el miércoles. Estaba emocionada porque en enero entraría a primero de primaria. Pero en la madrugada del sábado 6 de diciembre, mientras dormía, su propio padre la degolló.
Lo hizo para castigar a la madre. Para obligarla a volver con él. Para cumplir las amenazas que solía repetir y que la familia, como tantas veces ocurre, nunca creyó capaces de convertirse en hechos.

“Mami, yo me quiero ir contigo”
La abuela materna, Ana Isabel Salas Potes, todavía repite las palabras que la niña le decía en los últimos días:
“Yo me quiero ir para donde ti, mami. Estoy aburrida aquí. Mi papá no me deja salir”.
Ocho días antes, el 29 de noviembre, Albeiro se la había llevado por la fuerza. Desde entonces, no la dejó volver a la casa materna, no la dejaba hablar por teléfono y controlaba cada movimiento.
La única forma de comunicación era a escondidas, gracias a la madrastra de Albeiro, conocida como “La Mella”, quien advertía que él no podía enterarse.
La niña quería volver con su mamá. Él lo sabía. Y eso aceleró la tragedia.

Las amenazas que nadie quiso creer
La familia reconoce que Albeiro había amenazado varias veces a Lisbeth Paola. Incluso había dicho que si recibía bien la quincena “compraría un revólver para matarla”. Pero nada hacía prever que atacaría a la niña.
La madrugada del sábado, cerca de las 5:00 a.m., la tragedia se consumó.
Lisbeth llegó a la casa gritando:
“¡Mami, Albeiro me mató la niña! ¡Me mató la niña!”.
La abuela recuerda ese momento como un golpe en seco. No hubo tiempo para nada. El padre había cometido el crimen y luego se había autolesionado.
“Me voy y me llevo a la niña”
Minutos antes de matar a su hija, Albeiro llamó a varios familiares para dejar el mensaje final:
“Me voy y me llevo a la niña”.
Era una sentencia. Y la cumplió.
La familia materna dice que, al ver que Lisbeth se preparaba para recoger a su hija para celebrar juntas la noche de Velitas —plan que habían acordado en una llamada secreta— el hombre decidió actuar.
No estaba dispuesto a verlas juntas. No soportaba que su expareja le hubiera dicho que jamás volvería con él.
El final del asesino
Tras degollar a la niña, Albeiro se causó heridas graves con la misma arma. Agonizando, fue encontrado por la Policía y llevado al paso Simón Bolívar. De allí lo remitieron al hospital Adelita de Char.
Murió ese mismo sábado a las 10:30 de la noche.
No tuvo juicio, no tuvo condena. Su final fue tan violento como el crimen que cometió.
Para la familia materna no hay dudas: Albeiro usó a la niña como instrumento para dañar a la madre. La retuvo para obligar a Lisbeth a volver. Y cuando comprendió que no lo lograría, decidió destruir lo que ella más amaba.
“Nunca pensamos que fuera a hacer algo así”, dice la abuela.
“Como él sabía que mi hija ya tenía bien ganada a la niña, mira lo que le hizo”.
La niña llevaba tres días graduada. Tenía uniforme nuevo. Tenía primitas esperando jugar con ella. Tenía planes.
Hasta que su padre decidió que si no era para él, no sería para nadie.
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