“Mi reina se graduaba este viernes”: el desgarrador relato de la madre de Shelsy


La mamá de la pequeña, que estaba a punto de graduarse de guardería y pasar a Jardin, decidió hablar. Entre llantos asegura que no conocía al joven linchado y descuartizado por la comunidad, y que aún no comprende la brutal muerte de su hija.

En Mingueo, cada vez que alguien pronuncia el nombre de Shelsy, el ambiente se quiebra. Su madre, desfigurada por el dolor, intenta sostenerse mientras revive la última imagen de la niña.

“Era mi reina… la que alegraba la casa. No merecía esto”, dice con la voz hecha añicos.

La pequeña estaba a punto de graduarse de la guardería. Dos días antes en la tarde había estado jugando, como cualquier niña de su edad. Su mamá la vio correr de un lado a otro, alegre, inquieta, con la energía que la caracteriza.

Pero en cuestión de segundos, todo fue confusión y desespero. “La perdí de vista un momentico… solo un momentico”, relata la madre. Y desde ese instante, nadie volvió a saber de Shelsy hasta las 11 de la noche.

La búsqueda desesperada y el hallazgo que destrozó al pueblo

El corregimiento entero se movilizó. Vecinos, familiares, niños y adultos la buscaron casa por casa, calle por calle. Policías revisaban cámaras, callejones, senderos. Hasta que llegó la noche y con ella la peor noticia: la niña apareció sin vida, dentro de un saco, en la cocina de una vivienda deteriorada donde vivía un joven consumidor de estupefacientes.

Ese hallazgo destruyó cualquier esperanza y partió en dos la historia de Mingueo.

El linchamiento: la comunidad se desbordó

Minutos después del hallazgo, la furia colectiva tomó control del corregimiento. La comunidad, incapaz de soportar el horror, buscó hasta el amanecer hasta encontrar y retener al joven que residía en la casa donde fue encontrada la menor.

El presunto responsable fue golpeado, amarrado, mutilado —le cortaron el miembro y la cabeza— y finalmente asesinado. Su cuerpo fue dejado en un monte, acompañado de un letrero que explicaba las razones de esa muerte brutal.

La madre de Shelsy, sin embargo, asegura que nunca tuvo relación alguna con ese muchacho. “No lo conocía, no sé quién era, no sé por qué mi hija terminó ahí”, repite entre llanto.

Para ella, nada justifica lo ocurrido. Nada devuelve a su niña.

Hoy Mingueo no habla: susurra.

Las calles siguen llenas de gente, pero vacías de respuestas. Frente a la casa donde Shelsy solía jugar, la gente pasa mirando. Abrazos y palabras de solidaridad intentan sostener a la familia.

Que sea Dios consolando ese corazón”, dicen algunos vecinos, mientras otros abrazan a la madre sin saber cómo contener un duelo que se desborda por todos los bordes.

“Era mi reina”: la frase que quedó grabada en todo un pueblo

La madre repite lo que más duele:

“Era mi reina… estaba contenta, iba a terminar la guardería… iba a pasar a jardín… ¿Por qué me la mataron así?”.

Cada palabra abre una herida más profunda.

Cada recuerdo es un golpe.

Cada silencio, un abismo.

Mingueo llora a Shelsy, una niña de tres años que jugaba en la tarde y que la noche convirtió en tragedia.

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Y mientras avanza la investigación formal, una madre se aferra a la única verdad que le queda: su hija ya no está, y ninguna explicación alcanzará para entenderlo.


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