
Maduro detenido, sonriendo y sin preocupación: la imagen que desconcierta al mundo
Mientras enfrenta cargos graves en Estados Unidos y permanece bajo prisión preventiva, Nicolás Maduro aparece sonriente, relajado y desafiante ante las cámaras. Su actitud, lejos del colapso esperado, abre interrogantes sobre lo que realmente ocurre tras bambalinas.
En cada fotografía conocida tras su detención, Nicolás Maduro aparece tranquilo, sonriente y haciendo gestos de “todo bien”. Pulgar arriba. Mirada relajada. Cero rastro de angustia. Al llegar a su primer sitio de retención, saludó en inglés a quienes lo recibieron, deseándoles “feliz año” y “buenas noches”. No fue un gesto aislado: agentes de la DEA incluso posaron junto a quien, hasta hace horas, ejercía el poder absoluto en Venezuela.
La imagen ha desconcertado al país y al mundo. Maduro no solo no luce abatido, sino que parece cómodo. No hay rigidez corporal ni semblante tenso. Sonríe. Saluda. Posa. Como si no cargara sobre sus hombros un expediente judicial por delitos graves que deberá enfrentar junto a su esposa, Cilia Flores. En su primera audiencia, se declaró no culpable. Permanecerá bajo prisión mientras avanza el proceso.
La caída es real. Perdió el poder, el control del Estado, los privilegios, la protección del aparato chavista y los lujos que lo acompañaron durante años. Aun así, no parece preocupado. Esa calma —casi provocadora— contrasta con la incertidumbre que hoy sacude a Venezuela, donde millones siguen con expectativa cada anuncio que llega desde Washington.
El suspenso crece luego de que el presidente Donald Trump anunciara que Estados Unidos asumirá la conducción política del país durante una fase de transición. En territorio venezolano, la pregunta no es solo qué pasará en los próximos días, sino qué sabe Maduro que el resto del mundo aún no conoce.
¿Por qué sonríe? ¿Por qué esa serenidad frente a un juicio que podría marcar el final de su vida política y personal? Para muchos, la imagen busca vender una falsa sensación de control, proyectar fortaleza ante su base y minimizar el golpe histórico. Para otros, más suspicaces, esa tranquilidad podría ser la señal de un acuerdo ya pactado con Estados Unidos.
Nada está confirmado. Pero mientras Venezuela contiene la respiración, Maduro sonríe desde una celda, y esa sonrisa, hoy, pesa más que cualquier discurso.
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