
Los detalles del parrandón que hicieron presos de alta peligrosidad en cárcel de máxima seguridad; algunos celebraban ser nombrados gestores de paz
Un concierto de Nelson Velásquez dentro del penal de Itagüí desató indignación nacional por los beneficios otorgados a cabecillas criminales en medio de los diálogos de “paz total”. Hay denuncias de privilegios, celdas acondicionadas y celebraciones financiadas desde prisión.
En una cárcel diseñada para encerrar a los criminales más peligrosos del país, la música sonó a todo volumen y los reclusos celebraron como si estuvieran en libertad.
Ocurrió en el penal de máxima seguridad de Itagüí, donde cabecillas de estructuras criminales organizaron una parranda vallenata con cantante en vivo, en medio de beneficios que hoy generan indignación y dejan una pregunta incómoda: quién tiene realmente el control dentro de las cárceles.
Lo que debía ser un centro de reclusión terminó convertido en escenario de fiesta. El cantante vallenato Nelson Velásquez ingresó al patio 1 del penal, donde permanecen varios de los internos vinculados a procesos de “paz urbana”.

El evento, según fuentes del Inpec, fue autorizado como un beneficio dentro de los diálogos que estas estructuras sostienen con el Gobierno nacional. La escena rompió cualquier lógica de seguridad: música en vivo, celebración colectiva y reclusos participando de un espectáculo que, en condiciones normales, sería imposible dentro de una cárcel de máxima seguridad.
Un funcionario lo resumió sin rodeos: la orden vino de arriba y no había forma de impedirlo.
Celebraban su posible libertad
La parranda no fue solo entretenimiento. Algunos internos festejaban la posibilidad de recuperar su libertad al ser nombrados gestores de paz dentro de la estrategia del presidente Gustavo Petro.
Ese detalle agravó la percepción pública. Mientras las víctimas esperan justicia y el país enfrenta altos niveles de violencia, quienes han sido señalados como responsables de delitos graves celebraban dentro de prisión, con música, privilegios y expectativas de beneficios judiciales.

Privilegios que rompen el sentido de la condena
El concierto es apenas una pieza de un cuadro más amplio. Fuentes del sistema penitenciario aseguran que estos internos cuentan con condiciones diferenciadas frente al resto de la población carcelaria.
Tienen visitas autorizadas entre semana y fines de semana, con cupos definidos, algo que no es habitual en otros centros. A esto se suman denuncias sobre celdas adecuadas con comodidades superiores, colchones especiales, mobiliario adicional y el presunto ingreso de bebidas alcohólicas y alimentos de alto costo.Todo dentro de un penal de máxima seguridad.
La denuncia que encendió la polémica
La exfiscal de Medellín y actual concejal Claudia Carrasquilla cuestionó lo ocurrido con dureza, señalando que mientras los ciudadanos viven con miedo, los criminales parecen estar de fiesta.
Su pronunciamiento puso el caso en el centro del debate político y evidenció el malestar que crece frente a los alcances de la llamada “paz total”.
El episodio tomó por sorpresa incluso a directivos del Inpec. Desde la entidad confirmaron la apertura de una investigación para establecer responsabilidades y determinar si hubo faltas disciplinarias o delitos.
Hasta ahora, no existe un pronunciamiento oficial claro que explique cómo un concierto de estas características fue posible dentro de una cárcel de máxima seguridad.
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El caso dejó una imagen difícil de ignorar. Mientras afuera el país enfrenta extorsiones, homicidios y control territorial de estructuras criminales, adentro algunos de sus cabecillas celebran con música en vivo y beneficios que desdibujan el castigo.
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