
Los detalles del asesinato de jugador del Barcelona SC y su pareja; su madre también fue herida
Mario Pineida fue acribillado junto a su pareja la tarde del 17 de diciembre, minutos después de salir de un establecimiento. El crimen ocurrió en medio de alertas previas por seguridad dentro del club y dejó a la madre del jugador herida. No hay capturados.
La violencia volvió a imponerse sobre el fútbol. La tarde del 17 de diciembre, en Guayaquil, Mario Pineida, jugador profesional del Barcelona Sporting Club, fue asesinado a tiros junto a su pareja, Guissela Fernández Ramírez, en un ataque directo que quedó registrado en cámaras de seguridad y que hoy sacude al deporte ecuatoriano.
Eran las 3:53 p. m. cuando Pineida se encontraba en una carnicería del sector, acompañado por su pareja y su madre. Minutos después de salir del local, hombres armados que, según las autoridades, los venían siguiendo, se acercaron sin mediar palabra y abrieron fuego en repetidas ocasiones. El ataque fue rápido, preciso y letal.
Mario Pineida y Guissela Fernández murieron en el lugar. La madre del futbolista resultó herida en la cabeza por un impacto superficial y fue trasladada a un centro asistencial, donde se confirmó que se encuentra fuera de peligro. Fue la única sobreviviente del atentado.
Todo quedó grabado en cámaras
Las imágenes de las cámaras de seguridad muestran la frialdad del crimen. Dos hombres, movilizados en motocicletas, interceptaron el vehículo del jugador que estaba estacionado frente al establecimiento y dispararon directamente contra los ocupantes. No hubo intento de robo. No hubo intercambio. Fue, según confirmó la Policía, un ataque dirigido.
“De lo que hemos podido conversar con testigos, dos hombres a bordo de dos motocicletas llegaron al sitio para victimar”, informaron las autoridades, que hasta el momento no reportan personas capturadas.
El asesinato ocurrió en un contexto que hoy genera más preguntas que respuestas. Horas antes, el presidente del Barcelona SC había revelado públicamente que uno de los jugadores del plantel había solicitado medidas de protección especial, un dato que ahora cobra un peso inquietante y reabre el debate sobre la seguridad de los futbolistas en Ecuador.
Pineida había disputado un partido recientemente. No estaba escondido. Hacía vida normal. Salió a hacer compras con su familia y terminó convertido en otra víctima de la violencia armada que golpea a Guayaquil.
El crimen no solo dejó dos muertos y una madre herida. Dejó un club golpeado, un vestuario en silencio y un país preguntándose cómo un futbolista profesional, con alertas previas sobre seguridad, pudo ser ejecutado a plena luz del día, sin que hasta ahora haya responsables ante la justicia.
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