Lo sacaron de un banco y apareció torturado en una trocha: el crimen que apagó al salsero Teófilo Ripoll en Magdalena


El reconocido melómano y promotor de la salsa en Barranquilla fue hallado con heridas de bala y signos de tortura en zona rural de El Piñón, Magdalena, tras varios días desaparecido. Su muerte deja dolor, preguntas y una herida abierta en el movimiento cultural del Caribe.

Teófilo Ripoll salió a hacer un trámite bancario y nunca regresó. Días después, su cuerpo apareció tirado en una trocha del municipio de El Piñón, en el Magdalena, con impactos de bala y señales de tortura. Así terminó la vida de uno de los promotores más queridos de la salsa en Barranquilla.

No era un desconocido. No era un joven de problemas. Era un adulto mayor respetado en el circuito cultural, un melómano de vieja guardia, un hombre que convirtió la música en bandera y en causa. Por eso su muerte no solo duele: desconcierta.

De la ciudad al monte

La desaparición fue reportada el 4 de febrero. Desde ese día comenzó la angustia. Familiares y amigos activaron cadenas de búsqueda, compartieron su fotografía en redes sociales y pidieron ayuda para ubicarlo. Nadie imaginó que el final sería tan brutal.

El hallazgo en zona rural de El Piñón cerró la incertidumbre de la peor manera. Según información preliminar, el cuerpo presentaba heridas de arma de fuego y signos evidentes de tortura. No fue un crimen al azar. Fue un acto despiadado.

La pregunta que hoy todos se hacen en Barranquilla es la misma que se escucha en cada esquina del gremio cultural: ¿cómo terminó un hombre de su trayectoria asesinado de esa forma en una trocha?

Un referente de la salsa

Ripoll no era solo un coleccionista de vinilos. Era un activista cultural. Durante años promovió encuentros salseros, defendió la memoria musical del Caribe y trabajó por mantener viva la tradición que convirtió a Barranquilla en una plaza clave del movimiento salsero colombiano.

En cada evento, en cada conversación, hablaba de la salsa como patrimonio. Para muchos jóvenes melómanos fue guía, para sus contemporáneos fue compañero de batallas culturales. Su muerte deja un vacío que no se llena con homenajes.

El traslado de su cuerpo a Barranquilla fue un golpe duro para quienes lo esperaban con vida. La noticia cayó como una sentencia: no volverá a sonar su voz defendiendo un clásico, ni su risa en medio de un debate musical.

Dolor y exigencia de justicia

La comunidad cultural exige respuestas. Familiares y amigos reclaman claridad frente a los hechos y justicia para quien dedicó su vida a preservar identidad y memoria.

Más allá de la investigación que ahora avanza, el crimen expone una herida mayor: la vulnerabilidad incluso de quienes han hecho del arte su trinchera. Ripoll fue arrancado de la vida en circunstancias que todavía no tienen explicación pública.

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En Barranquilla, los melómanos no solo lloran a un amigo. Lloran a un símbolo. Y mientras suenan las canciones que él ayudó a mantener vivas, queda una certeza amarga: a Teófilo Ripoll no lo calló el paso del tiempo, lo calló la violencia.


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