Lo sacaron de su casa, lo torturaron y le dieron tiro de gracia en La Rosalía: así asesinaron a Nayer Ibarra


El hombre de 29 años, fue raptado de su vivienda, amarrado, golpeado y ejecutado de un disparo en la cabeza en la parte alta del barrio La Rosalía. El crimen exhibe nuevamente la brutalidad con la que están actuando estructuras criminales en Santa Marta.

La noche de este martes terminó en horror en el barrio La Rosalía. A Nayer Ibarra, un un hombre de 29 años, lo sacaron de su casa, lo subieron por la zona alta y allí lo sometieron a una tortura tan directa como cruel: lo amarraron, lo golpearon como quien intenta arrancar información, lo dejaron marcado de moretones y, finalmente, le dispararon en la cabeza. Un tiro de gracia. Un mensaje de violencia que se repite con fuerza en la ciudad.

Los vecinos escucharon la detonación pasadas las once. “Parecía un cohete”, contó una residente. En diciembre, nadie piensa primero en un asesinato. Pero luego vinieron los ladridos insistentes de varios perros. Fue ese sonido —más que el disparo— lo que empujó a varios curiosos a subir por la trocha que conduce a la parte alta del barrio.

Lo que encontraron no dejó espacio para las dudas: el cuerpo de Nayer estaba tendido, maniatado, con evidentes signos de golpes y un impacto letal en la cabeza. La escena sugería que había sido llevado hasta ese punto para ser interrogado y ejecutado sin testigos.

Hasta el lugar llegaron patrullas de la Policía Metropolitana, alertadas por los residentes. Luego arribaron los peritos de criminalística de la Sijín, quienes confirmaron que Nayer tenía un impacto de bala suficiente para dejarlo sin vida. El cadáver fue trasladado a Medicina Legal mientras avanza la investigación.

Lo que ocurrió antes del asesinato aún no está claro. Vecinos aseguran que lo vieron por última vez en su casa. Otros dicen haber escuchado movimientos extraños minutos antes de que lo subieran a la fuerza hacia la zona alta. Nadie se atreve a hablar demasiado: en barrios donde la violencia se pasea sin horario, el silencio suele ser el escudo más fácil.

El crimen de Nayer reaviva la preocupación por la manera en que estructuras criminales están actuando en Santa Marta: hombres raptados, torturas, tiros de gracia, cuerpos abandonados en trochas. Un patrón que recuerda épocas que la ciudad creyó superadas.

En La Rosalía, los perros siguen ladrando cada vez que alguien sube al monte. El miedo volvió a instalarse. Y la comunidad, otra vez, tuvo que ver de frente cómo la crueldad se lleva a uno de los suyos.


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