Lo obligaron a confesar supuestos crímenes frente a una cámara y lo mataron: así ejecutaron a un menor de 17 años en el Atlántico


El joven fue grabado mientras admitía crímenes bajo presión. Minutos después de que el video fuera publicado, apareció muerto en zona rural de Sabanalarga. Las autoridades investigan quiénes estuvieron detrás de la grabación y de su ejecución.

Le hicieron creer que hablar lo salvaría. Lo sentaron y lo pusieron a repetir una confesión frente a una cámara. Cuando terminó, le dispararon. Así terminó la vida de un menor de 17 años en el Atlántico, en un caso que expone el nivel de control y brutalidad de las estructuras criminales en la región.

En el video que circuló por redes sociales, el joven conocido como ‘Satanás’ aparece atado a una silla, visiblemente nervioso, con la voz entrecortada y obedeciendo órdenes fuera de cámara. Dice lo que le exigen. Admite su participación en varios crímenes, entre ellos el asesinato de Julia Barrios, una mujer de 46 años atacada dentro de una miscelánea en Sabanagrande, presuntamente por un conflicto relacionado con extorsiones.

También menciona nombres. Señala a alias ‘Gomelo’ y ‘Digno Palomino’ como quienes le daban órdenes, vinculándolos con estructuras delincuenciales que operan en el departamento.

Nada de lo que dijo ha sido confirmado por las autoridades.

Del video viral al cadáver

La grabación se difundió con rapidez. Horas después, el desenlace fue inmediato.

La noche del viernes 10 de abril, el cuerpo del joven —conocido como alias ‘Satanás’— fue encontrado sin vida en zona rural de Sabanalarga, entre los sectores de Villa Concepción y Santa Rosa. Tenía impactos de bala.

El mensaje ya había sido enviado. Primero lo expusieron, luego lo eliminaron.

La principal hipótesis apunta a que quienes lo obligaron a grabar la confesión serían miembros de una estructura armada organizada. Sin embargo, la investigación apenas comienza.

Las autoridades judiciales intentan establecer quién grabó el video, bajo qué circunstancias se produjo la confesión y si el menor realmente tenía relación con los crímenes que le atribuyeron frente a la cámara.

Tampoco se ha esclarecido si su asesinato responde a un ajuste de cuentas, una retaliación interna o una estrategia para sembrar miedo.

Violencia que desborda cualquier control

El caso ocurre en medio de un refuerzo de seguridad en el Atlántico. Hace pocos días, 46 uniformados adicionales fueron asignados para contener el accionar de estas estructuras criminales.

El resultado, sin embargo, muestra otra realidad.

Un menor fue secuestrado, obligado a incriminarse y ejecutado, mientras su imagen recorría las redes sociales. Nadie intervino. Nadie lo rescató.

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La violencia no solo se mantiene. Se exhibe. Se graba. Y después se ejecuta.


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