Lluvia de inmovilizaciones de motos en Santa Marta: motociclistas ignoraron las restricciones y pagaron las consecuencias


Pese a las advertencias oficiales y a la restricción vigente durante la noche del 24 y 25 de diciembre, decenas de motociclistas salieron a las calles de Santa Marta. La desobediencia terminó en operativos masivos, sanciones y una seguidilla de inmovilizaciones que colmaron las grúas durante las celebraciones navideñas.

Las autoridades lo dijeron con claridad: en Navidad, la moto debía quedarse en casa. La medida buscaba reducir accidentes y hechos violentos durante una de las noches más sensibles del año. Sin embargo, para muchos motociclistas la advertencia no fue suficiente.

Durante la noche del 24 y 25 de diciembre en distintos sectores de Santa Marta, las autoridades adelantaron operativos de control ante el incumplimiento de la restricción que prohibía la circulación de motocicletas entre las 6:00 de la tarde y las 4:00 de la mañana. La escena se repitió una y otra vez: motos detenidas, conductores sorprendidos y grúas que no daban abasto.

Aunque la norma había sido socializada, numerosos motociclistas decidieron salir a las vías, ignorando las indicaciones oficiales. Algunos intentaron evadir los controles; otros alegaron desconocimiento. Ninguno evitó la sanción. La consecuencia fue inmediata: comparendos e inmovilización de los vehículos.

En puntos estratégicos de la ciudad, las grúas se llenaban una tras otra con motocicletas infractoras. Mientras en muchos hogares se compartía la cena navideña, en las calles se acumulaban motos que terminaron la fiesta en patios oficiales, dejando a sus dueños con una amarga experiencia y gastos inesperados.

Las autoridades defendieron los operativos y reiteraron que la medida no tenía un fin recaudatorio, sino preventivo. El objetivo, insistieron, era evitar tragedias viales y hechos de violencia asociados al consumo de alcohol y al uso irresponsable de motocicletas durante fechas especiales.

El balance dejó un mensaje claro: la advertencia estaba hecha y quien decidió no acatarla pagó las consecuencias. En esta Navidad, mientras algunos celebraban en familia, otros aprendieron a la fuerza que la moto guardada era parte del precio de una noche más segura para la ciudad.


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