Llegaron a trabajar y encontraron las puertas cerradas: el nuevo cierre del Tayrona dejó comida perdida y familias sin sustento


Prestadores turísticos y dueños de restaurantes acudieron desde temprano creyendo que el parque seguía abierto bajo control indígena, pero el Estado retomó la administración y cerró la reserva sin aviso previo. Decenas de trabajadores perdieron inversiones en alimentos y enfrentan un cierre indefinido que golpea directamente su economía.

Desde antes del amanecer, vendedores, cocineros y prestadores turísticos preparaban los alimentos para atender a los visitantes del fin de semana en el Parque Nacional Natural Tayrona en el sector de Bahía Concha. Era una jornada normal, o al menos eso creían.

Los indígenas koguis habían mantenido el parque abierto días atrás y nadie les advirtió que la historia cambiaría de un momento a otro.

Pero al llegar al acceso hacia Bahía Concha, la respuesta fue seca y definitiva: el parque estaba cerrado y nadie podía entrar. Ahí terminó el día laboral antes siquiera de comenzar.

El Estado había retomado el control de la reserva y hecho efectivo el cierre mientras se resuelve la crisis administrativa con los llamados hermanos mayores. La decisión tomó por sorpresa a decenas de trabajadores del turismo que aseguran no haber recibido ningún aviso previo.

El resultado fue inmediato: comida lista para venderse sin clientes, inversiones perdidas y la incertidumbre instalada otra vez en quienes viven del día a día.

Comida lista… y sin a quién vender

Muchos comenzaron a preparar los pescados y fritos desde la madrugada. Compraron pescado recién sacado del mar y se preparaban para organizar los puestos pensando en la llegada masiva de turistas del fin de semana.

Ahora todo corre el riesgo de dañarse.

Eso no aguanta hasta mañana”, repiten varios trabajadores mientras observan los recipientes llenos de alimentos que difícilmente podrán recuperar en ventas.

Para ellos, no se trata solo de un día malo. Es dinero prestado, mercado fiado y gastos asumidos con la esperanza de trabajar. Cada plato preparado representa horas de esfuerzo y el sustento de sus familias.

La mercancía que debía convertirse en ingresos terminó convirtiéndose en pérdidas.

El golpe silencioso al turismo local

El cierre del Tayrona no solo afecta a visitantes o agencias. Golpea directamente a quienes dependen del flujo diario de turistas: cocineros, transportadores, pescadores, vendedores informales y pequeños restaurantes.

Fuentes de ingreso que desaparecen de un momento a otro.Sin turistas no hay ventas. Sin ventas no hay comida en casa. Y lo más preocupante para ellos es que el cierre no tiene fecha clara de reapertura. La incertidumbre pesa más que la molestia.

Reclamos por desinformación

El reclamo principal no es únicamente el cierre, sino la forma en que ocurrió. Los trabajadores denuncian silencio institucional y falta total de comunicación.

Aseguran que, de haber sido informados con anticipación, simplemente no habrían comprado alimentos ni invertido dinero.

Para muchos, lo perdido en un solo día equivale al sustento semanal del hogar.

Nos dejaron trabajar para perder”, comentó uno de los prestadores afectados mientras intentaba reorganizar la mercancía que ya no podrá vender.

Un llamado colectivo

Ante la situación, los trabajadores comenzaron a convocarse entre ellos. Prestadores de servicios turísticos de Bahía Concha anunciaron una reunión conjunta para exigir explicaciones formales a Parques Nacionales.

El objetivo es claro: respuestas, garantías y medidas que eviten que el peso de la crisis vuelva a caer únicamente sobre los más pequeños.

Lea aquí: Ahora sí cerró el Tayrona: Koguis aceptan retirarse y Parques recupera el control provisional

Porque mientras el Estado y las comunidades indígenas discuten el futuro administrativo del parque más importante del Caribe colombiano, hay familias que hoy regresan a casa sin ingresos y con comida que se pierde.

El Tayrona sigue cerrado.Y afuera, esperando respuestas, quedó la gente que vive de él.


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