Llamaron a su familia en la Zona Bananera para informarle que había sobrevivido, pero murió en el hospital


El joven de 23 años, fue rescatado con vida tras el accidente del avión Hércules en Putumayo, pero murió poco después en un hospital. Su historia estremeció a su familia y enluta a la Fuerza Aeroespacial Colombiana.

La primera llamada trajo alivio. En el municipio Zona Bananera corrió la voz como un suspiro que se aferra a la vida: Carlos estaba vivo. Había sobrevivido al impacto del avión. Lo habían sacado entre los restos, herido, pero respirando. En medio del caos, la esperanza se abrió paso.

Por unos minutos, la tragedia pareció retroceder.

En Riofrío, su tierra, la noticia llenó a todos de fe. La familia se aferró a esa versión como quien se agarra a lo último que queda. Carlos Elías De La Cruz Gutiérrez, de 23 años, el muchacho que había salido a servirle al país, no estaba entre los muertos. Estaba luchando.

Pero la guerra entre la vida y la muerte no siempre se gana.

La segunda llamada fue distinta. Más corta. Más fría. Más definitiva. Carlos no resistió. Las heridas eran demasiado graves. Su cuerpo no aguantó el golpe que dejó el siniestro del avión Hércules C-130 de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, que se estrelló en zona rural de Puerto Leguízamo, Putumayo.

El joven uniformado había sido rescatado con vida por los organismos de socorro. Su estado era crítico desde el primer momento. Fue trasladado a un centro asistencial donde médicos intentaron sostenerlo, estabilizarlo, devolverlo. Pero el impacto ya había hecho lo suyo. Horas después, murió.

Y con él, se vino abajo todo lo que en su casa habían alcanzado a reconstruir en cuestión de minutos.

Carlos no estaba en ese avión por casualidad. Hacía parte de las tropas que cumplían labores oficiales de relevo en esa zona del país. Subió a la aeronave como parte de su deber. No sabía que ese vuelo terminaría en llamas, en selva, en muerte.

Tenía 23 años. Una vida que apenas comenzaba a tomar forma.

Su nombre se suma ahora a la lista de víctimas de un siniestro que golpea a la Fuerza Aeroespacial Colombiana y que deja preguntas abiertas sobre lo ocurrido en el sur del país. Las autoridades mantienen las investigaciones para establecer qué falló en la aeronave de matrícula 1016, pero para su familia esa respuesta ya no cambia nada.

En Zona Bananera no hablan de causas técnicas. Hablan de Carlos. Del muchacho que se fue. Del que por un instante volvió. Del que no alcanzó a quedarse.

Porque lo más duro no fue la noticia de su muerte.

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Fue haber creído, aunque fuera por un momento, que había sobrevivido.


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