Les cancelaron la boda a última hora, pero se casaron frente al mar: el matrimonio que no lograron tumbar


La pareja extranjera logró casarse en Santa Marta luego de que el lugar contratado cancelara su boda a menos de 24 horas del evento, pese a que todo estaba pago. La ceremonia se rearmó a contrarreloj en otra locación.

La boda quedó en el aire a menos de 24 horas del “sí”. Ricardo Sánchez y Yana Lucera Bertetic, una pareja que había viajado desde el extranjero para casarse en Santa Marta, se encontraron sin locación cuando ya todo estaba listo. El espacio contratado, reservado y pago, dejó de estar disponible el mismo día en que debían ultimar detalles. Al llegar, la respuesta fue directa: no podían ingresar.

La explicación, escueta y sin mayores precisiones, apuntaba a “problemas internos” entre quienes administraban el lugar.

El golpe no fue menor. No se trataba de un cambio logístico ni de un imprevisto manejable. Era la caída total de una boda internacional en su punto más crítico. No hubo una alternativa inmediata por parte de los responsables del lugar. Tampoco una comunicación previa que permitiera anticipar lo que venía.

Duramos varias horas tratando de contactar a alguien de administración y nadie dio la cara”, relató el novio, quien junto a su pareja tuvo que enfrentar, además del desconcierto, la presión de decenas de invitados que ya se encontraban en la ciudad.

Una boda internacional suspendida

El evento había sido planeado durante meses. No era una ceremonia local. Invitados provenientes de Indonesia, Dubái, China y Canadá habían viajado exclusivamente para asistir al matrimonio. Había reservas confirmadas, logística organizada y proveedores en camino. Todo ese engranaje se detuvo de golpe.

La organizadora del evento, Arlet Romero, aseguró que no existía ningún incumplimiento por parte de los novios.

Nosotros realizamos los pagos correspondientes como se debía y llegamos el día de la boda. En ese momento nos dicen que no podemos ingresar porque tienen problemas internos entre ellos”, explicó, dejando en evidencia que la cancelación fue ajena a cualquier falla del equipo contratado por la pareja.

Para la novia, el impacto se hizo más evidente al ver a sus familiares y amigos en medio de la incertidumbre.

Nosotros no somos de aquí. Juntamos a nuestros amigos y familiares de diferentes países”, expresó entre lágrimas, dimensionando el esfuerzo que implicó reunir a personas de distintas partes del mundo para un evento que, de un momento a otro, dejó de existir.

Reacción institucional y versión del hotel

La situación trascendió rápidamente y obligó a la intervención de la Alcaldía de Santa Marta, a través de INDETUR y la Policía de Turismo, que se trasladaron hasta el hotel Wyndham Residence Santa Marta Aluna Beach para establecer qué había ocurrido.

Estamos dialogando con la directiva del hotel con el propósito de aclarar lo sucedido”, indicaron desde la comisión que atendió el caso, señalando que la presencia institucional buscaba proteger a los visitantes y preservar la confianza en el destino.

Por su parte, el hotel emitió un comunicado en el que aseguró estar gestionando apoyo para los novios y afirmó que un tercero debía asumir la responsabilidad por lo ocurrido. Sin embargo, la explicación no resolvió la incertidumbre ni respondió a la falta de comunicación previa que denuncian los afectados.

Cuando todo apuntaba a una cancelación definitiva, la historia tomó otro rumbo. En cuestión de horas, la agencia organizadora logró conseguir una nueva locación y rearmar la boda desde cero. Hubo que reorganizar proveedores, ajustar tiempos y resolver cada detalle bajo presión, con invitados esperando respuestas y el reloj en contra.

La ceremonia finalmente se realizó en otro espacio, frente al mar Caribe. No fue el lugar contratado ni el escenario planeado durante meses, pero permitió que el matrimonio se concretara.

“Logramos casarnos, que era lo importante”, expresaron los novios, aún marcados por lo ocurrido, pero con la tranquilidad de haber cumplido el objetivo central de su viaje.

Un matrimonio que ocurrió pese a todo

La boda no fue como la imaginaron. Estuvo atravesada por el estrés, la improvisación y la incertidumbre generada por una cancelación sin previo aviso. Aun así, no se cayó.

El matrimonio se llevó a cabo pese a la falta de respuestas, pese a la desorganización que generó la decisión del lugar contratado y pese a la presión de rehacer en horas lo que tomó meses planear.

Santa Marta terminó siendo testigo del “”, pero no bajo las condiciones pactadas. La pareja se casó, pero no donde pagó ni como lo soñó.

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Y en medio de ese contraste, queda una historia marcada por el incumplimiento, la reacción institucional y una boda que, aunque estuvo a punto de perderse, logró sostenerse frente al mar.


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